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pronto seremos felices

    Ignacio Vidal-Folch ha sido corresponsal varios años en diversas zonas de Europa del Este. Leer algunas de su obras es embarcarse en un viaje por esos países, teniendo como guía a quien ha vivido varios años por esos mundos, conoce bien algunos lugares emblemáticos y a las personas que los habitan. Su última novela la ha titulado Pronto seremos felices (Destino). Cuenta el viaje de un comercial español que está consolidando su empresa en países que pertenecieron al entorno de la Unión Soviética. Su viaje le lleva a reencontrarse con antiguos compañeros, colegas, trabajadores y amigos que protagonizan los cinco capítulos del libro: Isabela, Alina, Otik, Petru y Felipe; y a visitar ciudades como Praga, Sofía o Bucarest.

Hay que leer este libro dejando que el narrador nos presente a cada personaje y nos cuente su historia, compartir con ellos algunas ocurrencias divertidas, conmoverse con sus vidas esforzadas. Hay que recorrer con ellos las callejas, las plazas, las antiguas iglesias, los pueblos en los que viven. Y observar cómo todo ha cambiado, el tiempo se  lleva la vida vertiginosamente y “el que se entretiene mirando el pasado se expone a que el porvenir, que ya está aquí, le arrolle” (pág. 248). Hay páginas crepusculares en este libro y otras de una jovial melancolía. El horizonte por venir que aguarda a los personajes se expresa con ironía en el título: “Pronto seremos felices”.

el terror cotidiano

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   La cotidianidad como un escenario perturbador es el ambiente característico de las novelas del escritor francés Emmanuel Carrère. Anagrama ha traducido simultáneamente dos títulos: Una semana en la nieve y El bigote. Las dos exploran en esa línea inquietante que separa lo racional y lo inexplicable. En la primera cuenta la semana escolar que pasa el niño de ocho años Nicolas en una estación de esquí junto con sus compañeros. A modo de los cuentos de Perrault, un ambiente de pesadilla se irá adueñando del lugar, hasta descubrir que en el pueblo cercano ha sido asesinado un niño.

Carrère domina los recursos propios de la novela de terror, crea atmósferas ambiguas y cuenta historias perturbadoras. La realidad se convierte en expresión de los miedos que nos atenazan. En la otra novela, El bigote, cuenta una historia inicialmente intrascendente: un hombre se corta el bigote que lleva desde hace años, pero nadie se da cuenta de ello. El hecho que podría ser irrisorio adquiere tintes kafkianos. La novela deriva hacia el tema de la identidad personal, y enseguida se asoma al abismo de la locura. Carrère mezcla el humor negro con la intensidad filosófica del hombre obligado a cuestionarse a sí mismo. Lo que empieza como un divertimento se convierte en una historia de terror. Para quienes deseen relatos intensos e inquietantes, estas novelas son lecturas recomendadas. Como al protagonista de s, Carrère lleva al lector “a vivir en un terreno minado, avanzando a tientas” (pág. 136). La realidad puede ser inexplicable, le dice al principio de estas novelas; pero aún peor, puede convertirse en una pesadilla.

publicado en Diario de Navarra 11/12/14

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