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Descubriendo el universo

Scott Kelly ha viajado al espacio cuatro veces. Ha estado suspendido en el vacío a miles de kilómetros de la Tierra, allí donde un mínimo accidente convertiría su cuerpo en basura espacial. Pero lo que le hace especial es que se ha convertido en la persona que más tiempo ha estado en el espacio. Durante 340 días ha permanecido encerrado en un contenedor de metal, dando vueltas alrededor de la Tierra, a 28.000 kilómetros por hora, cumpliendo una misión en la Estación Espacial Internacional que no tenía precedentes hasta él.

Su historia la cuenta en un libro apasionante, titulado Resistencia. Un año en el espacio, que está editado en Debate. En él cuenta cómo desde joven se sentía atraído por la emoción, la dificultad, la incertidumbre y el riesgo. Que leyó el libro de Tom Wolfe Elegidos para la gloria, y eso le cambió la vida. Que desde 1999 estuvo preparándose sin descanso para una misión especial: ser en 2015 el primer hombre que estuviera un año en el espacio, cuando una misión normal dura entre cinco y seis meses. Su objetivo era realizar experimentos en órbita; pero también someterse él mismo a estudios para saber cómo se comporta el cuerpo humano en esa situación: cuánta masa ósea llegará a perder, cuánto se atrofiarán sus músculos, cuánta capacidad de visión se dejará para siempre en el espacio.

Este libro narra cómo un chaval de clase obrera de New Jersey llegó a hacerse astronauta. Al final dice qué es lo que ha aprendido a valorar tras esa experiencia excepcional de permanecer tanto tiempo lejos de la Tierra: que sentir el viento es algo asombroso; que la lluvia en la cara es un milagro; “que nuestro planeta es la cosa más hermosa que he visto nunca y somos afortunados de tenerlo; que la suma de pequeños pasos en la vida se convierte en saltos gigantes” (pág. 417).

El infinito y más allá

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Para que nos hagamos idea de las cifras que manejamos al hablar del universo, Neil deGrasse da este dato: un trillón es el número estimado de granos de arena que hay juntando diez playas tan grandes como Copacabana, en Río de Janeiro, que tiene 4,2 kilómetros de longitud y una anchura de 140 metros. ¡Un trillón de granos de arena, en una playa de 40 kilómetros de largo! Pero eso no es nada si miramos al cielo, explica deGrasse: en el universo observable hoy están localizadas 10.000 trillones de estrellas.

Neil deGrasse dirige el planetario Hayden; ha sido considerado por la revista Time una de las cien personas más influyentes del mundo. Es el autor, junto con otros dos físicos, de uno de los mejores libros escritos para entender estos temas en los que se manejan cifras imposibles. Se titula Bienvenidos al universo y está editado por Oberon. Michel Strauus es el hombre que ha descubierto el cuásar más lejano conocido hasta ahora. Y Richard Gott, que es también profesor en la universidad de Princeton, es el único astrofísico que ha recibido el premio President’s Award por su labor pedagógica. Estos tres científicos buscan hacerse entender por personas no especializadas en estos temas. En este libro hacen asequibles a lectores profanos las ideas de Newton, de Einstein, de Stephen Hawking. Explican conceptos esenciales: qué es la materia oscura, la energía oscura, el bosón de Higgs, las ondas gravitatorias, los agujeros negros. Describen cómo se expande el universo, cómo evolucionan las estrellas, cuál es la edad del cosmos.

Leer Bienvenidos al universo es llegar hasta los límites donde se sitúa hoy el conocimiento sobre el cosmos y sobre la física actual. Su lectura ofrece un asombro permanente. He subrayado algunos datos: que en el universo intergaláctico no existe más que un átomo por metro cúbico, mientras que la intensidad en los agujeros negros puede ser tan grande como si comprimiéramos cien millones de elefantes en un dedal. Que el universo actual tiene 13.800 millones de años. Que dentro de 22.000 millones de años el sol será una enana blanca. Y que en 850.000 millones de años el universo se enfriará hasta alcanzar una temperatura constante. Algunos entonces ya no estaremos aquí para vivirlo. Una lástima.

publicado en Diario de Navarra 5/4/18

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