he leído…

un balance literario

Hacer balance. Es lo que toca al acabar el año. También en literatura. Así que he repasado las lecturas de 2013 y he concluido que ha sido un año en el que se han publicado algunas magníficas novelas: En la orilla, de Rafael Chirbes, por ejemplo (en Anagrama), y La habitación oscura, de Isaac Rosa (Seix Barral), que son ambas un testimonio implacable de la crisis actual, de sus motivaciones y de sus consecuencias; Intemperie, la primera novela de Jesús Carrasco (Seix Barral), que se mueve entre el mundo rural de Miguel Delibes y los paisajes desolados de Corman MacCarthy; el regreso a Perú de Mario Vargas Llosa en El héroe discreto (Alfaguara); la historia de las pobres gentes que recrea Manuel Longares en Los ingenuos, desde la posguerra hasta la Transición (Galaxia Gutenberg); o la novela en la que Arturo Pérez-Reverte escribe sobre el destino, el arte moderno y la venganza: El francotirador paciente (Alfaguara).

Todas estas novelas han ido apareciendo ya en este diario de lecturas. Como el libro de Antonio Muñoz Molina Todo lo que era sólido (Seix Barral), que es uno de los ensayos más destacados del año, una radiografía certera sobre cómo hemos llegado a la situación actual, cuya lectura recomiendo para no tener la sensación de que hemos dejado escapar algo importante del año que se ha ido. 

el premio Nobel

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De los premios literarios, lo más destacado este año ha sido la concesión del Nobel de Literatura a la escritora canadiense Alice Munro, autora de algunos de los mejores relatos publicados en el siglo XX. Este mismo año publicaba su último libro: Mi vida querida (Lumen), una colección de diez cuentos y cuatro textos autobiográficos. Todas son historias impactantes, que giran en torno al tema del amor, de la frustración y del deseo. Historias realistas, melodramáticas a veces, en las que la mujer es la protagonista principal.

A Munro se la ha emparentado con Chejov por su capacidad para sugerir la perturbadora realidad del ser humano que refleja en sus obras. Sus personajes sufren traspiés, han de renunciar a sus sueños y se dejan llevar por la inercia de los acontecimientos. Hay una mezcla en sus vidas de desgracia y de compasión, que humaniza la fragilidad de estos personajes.

Ella misma se convierte en protagonista de los cuatro textos que cierran el libro, en los que recupera su infancia y describe el ambiente familiar en el que se crió. Su padre había querido dedicarse a criar zorros y visones en el negocio de la peletería, pero acabó trabajando en una fundición; su madre, que era maestra, enfermó demasiado pronto de parkinson. “Curiosamente, sin embargo, no la recuerdo como una época infeliz”, comenta de aquellos años en estas páginas; y añade con la modestia, la resignación y el candor que caracteriza toda su literatura: “esto no es un cuento; tan sólo es la vida” (pág. 321).

publicado en Diario de Navarra 9/1/14

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