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sentimientos

    Descubrir a un escritor desconocido es un hallazgo que se produce de vez en cuando. Por ejemplo, Jean-Luc Seigle, inédito hasta ahora en España. Al parecer es novelista, dramaturgo y guionista. Ha publicado tres novelas y la primera que aquí se ha traducido se titula Al envejecer, los hombres lloran (Seix Barral). Esta novela supone un reto de escritura, ya que cuenta la vida de una familia en un pueblecito francés, a partir de lo que sucede en un solo día: el 9 de julio de 1961. El relato se inicia con la llegada del primer televisor al pueblo y con él, el inicio de una mueva época: el progreso y la modernidad.

El padre de la familia Chassaing, Albert, es el protagonista principal, un emigrante del campo a la ciudad, un nostálgico, obligado a vivir en un mundo que en poco tiempo lo cambiará todo. Su futuro es su hijo Gilles, un niño aún, “en la edad en la que los sentimientos brotan con ingenuidad” (pág. 200). Asegurarle el futuro a través de la Educación y de los libros será su auténtico triunfo. La novela refleja bien los cambios que se produjeron en la década de los años sesenta, está impregnada de sentimientos y constituye una conmovedora epopeya de lo cotidiano.

un amor imposible

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He leído la primera novela de Carlos Castán. La mala luz se titula (editorial Destino). La historia se inserta también en la cotidianidad, en  este caso ambientada en el presente. Dos amigos se reencuentran en Zaragoza, huyendo de su vida anterior y de sendos matrimonios fracasados. Los sentimientos a los que enfrentan no son esperanzadores: la soledad, el desencanto y, enseguida, el miedo, cuando uno de ellos, Jacobo, aparece apuñalado en su propia casa. La novela combina entonces un relato policíaco con la búsqueda desesperada de una mujer llamada Nadia y el deseo de escapar del tedio cotidiano.

Estas dos novelas me han supuesto un descubrimiento: la primera de un autor desconocido; la segunda, de un escritor que había publicado hasta ahora tres buenos libros de cuentos y que con uno de ellos, Sólo de lo perdido, fue el ganador del premio Mario Vargas Llosa NH de relatos. Las dos novelas difieren del ambiente en el que transcurren y de los sentimientos de fondo que transmiten. La primera está escrita en tercera persona, mientras que la segunda es un largo monólogo desde la primera persona de uno de los protagonistas.

Pero las dos tienen coincidencias que, al leerlas simultáneas, he apuntado en mi diario de lecturas, sin ánimo de establecer otras relaciones. Sobre todo, la exploración que ambas llevan a cabo del mundo de los sentimientos, en direcciones opuestas. En la novela anterior, Al envejecer, los hombres lloran, a Guilles le salvan los libros que lee: de Balzac, de Léon Bloy, de Homero. En La mala luz, el narrador encuentra en la lectura de Primo Levi o de Marguerite Duras imágenes de su desolación y de su extravío. En aquel libro, “amor es la única palabra que a Albert le hacía respirar todavía” (pag. 181). En éste, la búsqueda del amor se entiende como la persecución de un imposible. He subrayado una de las reflexiones del protagonista, en el capítulo final: “Vendrán un día los investigadores y verán que quise amar y no supe cómo”.

publicado en Diario de Navarra 5/12/13

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