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premios literarios

    El último premio Tusquets de novela lo ha obtenido el escritor murciano Ginés Sánchez. Hasta ahora había publicado un solo libro: Lobisón, que cuenta una dura historia ambientada en un escenario rural. Los gatos pardos, la novela ahora premiada, reafirma algunas características de la anterior. En ella se narran tres historias diferentes, que comparten una misma ambientación y que acaban confluyendo en las últimas páginas del libro.

La primera historia cuenta un asesinato por encargo, con coloquialismos mexicanos, frases cortas, mucha elipsis y tono lírico a veces. La segunda es una novela de adolescentes, que relata la noche de San Juan que vive una chica en los arrabales de la ciudad. Es un personaje expuesto al ímpetu de los deseos, que trata de huir del deterioro que ha vivido en su familia y que se ve arrastrada por un ambiente de degradación y pobreza. La última parte relata una historia centrada en las maquinaciones del vecino de la adolescente, comprometido en llevar a cabo un encargo cruel. El trasfondo de crímenes, droga, prostitución y mafias que se describe en las tres refleja un mundo dominado por la crueldad y la violencia; pero el lenguaje crea en la lectura una emoción lírica.  

Leyendo este libro, Los gatos pardos, no he podido dejar de relacionar a su autor, Ginés Sánchez, con otros dos escritores con los que comparte bastantes similitudes: Jesús Carrasco, de Intemperie, y Ricardo Menéndez Salmón en todas sus novelas.  Los tres llevan a cabo una indagación en el tema del mal a través de la literatura.

un partido de tenis

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   Curiosa y original novela la que ha ganado este año el premio Herralde. Se titula Muerte súbita (Anagrama), del escritor mexicano Álvaro Enrigue. Cuenta un partido de tenis, cuyos contrincantes son el pintor Caravaggio y el poeta Francisco de Quevedo. Ambos se enfrentan en la Plaza Navona, en Roma, un día del mes de octubre de 1599.

No es ésta una novela histórica, aunque contiene consideraciones sobre la época y se basa en una documentación cierta sobre los juegos de pelota en aquel tiempo y sobre los personajes que están implicados en el libro. Los retratos del poeta y el pintor son verídicos. También los de los conquistadores Hernán Cortés y Vasco de Quiroga y el del conde Osuna, protector de Quevedo, que intervienen en la trama. En la mayoría de las páginas el libro tiene un tono ensayístico, en el que lo ficcional se supedita a lo meramente expositivo. De ese modo, el libro adquiere un carácter ambiguo, casi experimental, que se mueve entre la novela y el ensayo, la ficción y la historia.

Con ese juego de raquetas, el autor está describiendo en el fondo las disputas que se ventilaban en aquel tiempo en el que Europa descubría un nuevo continente, la Reforma se abría paso en todos los países, mientras España impulsaba la Contrarreforma, y Tomás Moro publicaba Utopía. Todos estaban diseñando cómo querían que fuera el mundo en el que querían vivir. Y la imagen de sus controversias es esa disputa de dos hombres a raquetazos.

publicado en Diario de Navarra 20/2/14

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