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historias en negro

Madrid como ciudad del crimen. Esa es la propuesta que el escritor argentino Ernesto Mallo planteó a once autores: que seleccionaran un barrio de la ciudad y escribieran un relato criminal que transcurra en esas calles. Marta Sanz escogió Malasaña, puso un punto de ironía y escribió “Jaboncillos Dos de mayo”; Juan Aparicio Belmonte, el castizo Chamberí, en el que se producen tres muertes en dos meses y eso enrarece el ambiente del barrio; Fernando Marías se imagina un suceso que ocurrirá en 2025. Empieza contándolo así: “Me llamo Fernando Marías. En el pasado fui novelista, también editor. Tal vez alguno de vosotros me recuerde” (pág. 151). Y así fue sumando Ernesto Mallo otros nombres: Alfonso Mateo Sagasta, Lorenzo Silva, Vanessa Monfort, Patricia Esteban, Berna González, Jesús Ferrero, Andrés Barba, Domingo Villar, que son los autores de otros tantos relatos. Todos ellos están reunidos en el libro titulado Madrid negro, editado en Siruela.

La misma propuesta planteó a otros diez escritores, para convertir Barcelona en ciudad del crimen; y así surgió Barcelona negra, que incorpora textos de Andreu Martín, Ernesto Mallo, Empar Fernández, Toni Hill, Rosa Ribas, Milo Krmpotic, Teresa Solana, Carlos Zanón, Lilian Neuman y Carles Quílez. Montjuïc, La Barceloneta, el barrio de Gràcia o El Guinardó son algunos de los escenarios en los que transcurren estas historias criminales. En esas calles viven atrapados personajes como el narrador de “El día que mataron a Leo”, de Carlos Zanón, quien recuerda un crimen de su niñez en el barrio del Guinardó, del que nunca ha salido. O bien, pasado el tiempo, los protagonistas regresan a ese lugar de donde proceden, como en el relato de Lorenzo Silva, ambientado en Carabanchel, el barrio donde él nació y donde vive su personaje más conocido, Bevilacqua. En ese relato se dice que “siempre llega el momento de volver a casa para descubrir que todo lo que vivimos por ahí fuera, entretanto, no fue más que una excursión para distraer el tiempo y olvidar que somos lo que somos, nos creamos lo que nos creamos, nos disfracemos de lo que nos disfracemos y digan lo que digan de lo que hicimos o dejamos de hacer” (pág. 63).

la última salida

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Es un thriller psicológico que tiene el ritmo y los recursos de una película de intriga. Se titula La última salida, de Federico Axat, y está editado en Destino. Cuenta una historia sorprendente: la del empresario Ted McKay, un hombre que parece tenerlo todo, pero que en el primer capítulo está dispuesto a quitarse la vida por un motivo desconocido. Sólo que en ese momento suena el timbre de su casa y alguien que le conoce muy bien le ofrece un trato. Ahí comienza un juego de manipulaciones y de trampas en esta novela escrita con la tensión propia de las historias de Stephen King.

“Un buen thriller es como un laberinto de espejos”, escribe el autor. Y así está planteada esta obra: como un juego y un reto para encontrar la verdadera salida al enredo, mediante continuos saltos temporales de la época actual al pasado, buscando las razones de comportamientos inexplicables de los personajes. En un momento, el narrador escribe esta consideración esperanzada, en medio del laberinto de tantos asesinatos: “la mente es una caja mágica. Llena de trucos. Siempre se las ingenia para darte un aviso. También para darte una vía de escape. Una puerta”.

publicado en Diario de Navarra 26/5/16

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