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¡Que nadie toque nada!

Escribir una novela exige un trabajo previo de investigación. Blas Ruiz Grau ha escrito varias de tema policial; así que ha tenido que acudir a grupos de homicidios de la Guardia Civil y de la Policía Nacional para documentarse, y ha hablado con inspectores, forenses y técnicos de criminalística. Ha comprobado que series como CSI o Mentes criminales y otras que divulga la televisión dan una imagen que tiene poco que ver con los procedimientos policiales. Y para desmitificar esos errores y narrar el verdadero trabajo de investigación que hay en ellos ha escrito este libro: ¡Que nadie toque nada! (editorial Oberon).

De forma desenfadada, explica en él cómo se investiga en criminología, cómo se estudian las pruebas y cuáles son algunos mitos falsos que circulan sobre el ADN, las armas o los psicópatas. Al final añade las biografías de algunos de los más perversos asesinos de la historia de España; desde el “sacamantecas” al “mataviejas de Cantabria”, el asesino de la katana o el celador de Olot.

Fantasmas asesinos

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María Oruña sitúa sus novelas en la costa cántabra. Las tres que ha publicado hasta ahora están protagonizadas por la teniente Valentina Redondo. La última se titula Donde fuimos invencibles (Destino). El relato comienza también con la aparición de un cadáver; en este caso, en una casona de Suances situada en el centro de la villa. El asesinato del jardinero, en pleno mes de agosto, pone nervioso al equipo policial, porque el dueño de la casa afirma que “allí pasa algo raro, que se escuchan ruidos, que se notan presencias”. Y esos indicios paranormales harán que la investigación tenga que plantearse por otros derroteros, en busca de fantasmas y espíritus del pasado, que tal vez no sean tales.

René François Armand dejó escrito que “al otro lado de las tumbas, los ojos que se cierran siguen viendo”. Por ello, la teniente Valentina tendrá que asistir a sesiones de espiritismo, aunque se muestre escéptica de ese procedimiento de investigación. Este es el diálogo que mantiene con el médium casi al final de la novela: “veo que ha olvidado el primer paso que debe investigar cuando alguien cree haber visto un fantasma”. “¿Su estado de salud?”. “Exacto” (pág. 284).

La historia que cuenta esta novela demuestra que no siempre es eficaz la orden de que nadie toque nada en la escena del crimen.

publicado en Diario de Navarra 3/5/18

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Asesino en serie

Para comprobar cómo ponen en práctica estos datos los escritores, he leído algunas novelas recientes de investigación criminal. Por ejemplo, Mi querido asesino en serie, de Alicia Giménez Bartlett, editada en Destino. El personaje más conocido de esta escritora, la comisaria Petra Delicado, se enfrenta aquí a un nuevo caso, el décimo en su historia literaria. El título ya anuncia que el primer crimen del libro, la muerte de una mujer de 55 años asesinada brutalmente en su propia casa, no va a ser más que el principio de una sucesión de muertes en serie.

Giménez Bartlett aplica bien los protocolos de criminología en esta historia cruel. Añade incluso algo que no se plantea en el libro anterior: los problemas que acarrean a la policía las filtraciones interesadas a la prensa del estado de la investigación.