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Autor: Mo Yan
Título: Cambios
Editorial: Seix Barral. 2012
Páginas: 128 páginas
Precio: 16,50 euros

¿qué fue del comunismo?

El escritor chino Mo Yan, antes de obtener el premio Nobel de Literatura el año pasado, recibió en 2010 el encargo de una editorial india para que escribiera un libro respondiendo a esta pregunta: ¿qué fue del comunismo? El resultado es esta obra, Cambios: un texto de carácter memorial, en el que evoca su infancia, su juventud, cómo se tuvo que abrir paso en la vida para sobrevivir y de qué manera nació su dedicación a la escritura. “Lo que describo son básicamente recuerdos”, dice al principio, destacando así el carácter biográfico de este libro, contenido, sugerente, bien estructurado y fácil de leer.
     
   
La escuela
La historia empieza con su expulsión injusta del colegio. En aquella escuela a la que acudían los campesinos pobres de la región conocerá a los otros dos personajes claves del libro: el chico más alto y fuerte de la clase, He Zhiwu, y la joven más atractiva, Lu Wenli. La novela va hilvanando de una forma escueta las historias personales de los tres. He Zhiwu fue expulsado también de la escuela. Pero todos se quedarían pasmados al verlo salir desafiante rompiendo un libro delante del profesor. “Era como un pájaro dejando la jaula. Era libre”. Él podía permitirse ese gesto de desafío: su padre era un viejo obrero campesino, y su madre, el miembro más antiguo del Partido Comunista de la región.

Pasados los años, se convertirá en el reflejo de una clase emergente en la China contemporánea, formada por personas sin escrúpulos que buscan en el enriquecimiento su único objetivo. Lu Wenli es la chica a la que todos pretenden en la escuela, y a todos rechaza. Al final acabará teniendo dos matrimonios tristes y un destino desgraciado. Y el tercer personaje, el escritor Mo, es un niño sin recursos, preocupado solo por ganarse la vida, que trabaja en una fábrica de algodón y luego se alista en el Ejército Popular. Ser conductor de un camión Gaz 51, de fabricación soviética, era el sueño de cualquier niño pobre de la península de Shandong. Y él lo era. No consiguió ese sueño, pero sí viajar en un Gaz 51 hasta Pekín, ir a la plaza de Tian’anmen y visitar el mausoleo de Mao. Escribe entonces: “Mientras contemplaba al presidente tendido en el sarcófago de cristal, recordé la sensación de cataclismo que había tenido dos años antes al oír la noticia de su fallecimiento; el desengaño al descubrir que en el mundo no había dioses. Ni en sueños habríamos creído que el presidente Mao moriría un día, pero murió. Creíamos que si moría el presidente Mao sería el fin de China. Pero llevaba dos años muerto, y el país no sólo no había llegado a su fin, sino que iba mejorando paulatinamente” (pag. 60).

    Sin conflictos
Comentarios así de escuetos son los únicos que suponen algún juicio sobre la sociedad china, sobre Mao y la Revolución Cultural. Porque en la novela no hay crítica ni juicios de valor. No hay denuncia. No hay conflictos. Todo se narra con una suave corrección política y de una manera sugerente. Al finalizar el libro se intuye el mismo ambiente de corrupción social que existía desde el principio. En el último capítulo, Mo es miembro de un tribunal de canto que selecciona a los estudiantes que luego formarán parte de un grupo privilegiado. Recibe numerosas visitas buscando enchufes y recomendaciones. Y entonces le va a ver la antigua compañera de pupitre, Lu Wenli, para que interceda por su hija. Le entrega un sobre con diez mil yuanes. “Vacilé unos instantes”, escribe antes de añadir: “está bien –dije-. Acepto” (pág. 127). Unas páginas antes había escrito, a propósito de un tema trivial: “En cosas así se ve cómo cambia todo”.

publicado en Diario de Navarra 14/2/13

Mo Yan


Su nombre es Guan Moye, pero firma sus obras con el seudónimo Mo Yan, que significa en chino “No hables”. Nació en 1955, en una familia campesina de la provincia de Shandong. Dejó la escuela cuando tenía doce años. Trabajó en una fábrica. Se alistó en el Ejército Popular de Liberación. Y comenzó a escribir. Eran los años de la Revolución cultural. Entre sus obras se han traducido al castellano Sorgo rojo (El Aleph), de la que se hizo una conocida versión cinematográfica, Grandes pechos, amplias caderas, Las baladas del ajo, La república del vino y La vida y la muerte me están desgastando, todas estas publicadas en la editorial Kailas. En 2012 se le concedió el premio Nobel de Literatura.

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