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momentos de inadvertida felicidad

    Vivimos cada día momentos de una inadvertida infelicidad. El escritor italiano Francesco Piccolo cuenta alguno: por ejemplo, cuando se regala a un niño un juguete sin pilas. “Miras al niño, manoseas el juguete y dices con decepción: luego tenemos que ir a comprar pilas” (pág. 80). También cuando en el WhatsApp ves que el otro “está escribiendo”, te está contestando, pero al final se desconecta y no recibes nada. O cuando pones gasolina en una estación de autoservicio. O te regalan solo una vela y encima te dicen: está perfumada. O cuando alguien te cede amablemente el paso y te das cuenta entonces de que tienes ya una edad respetable.

He descubierto un escritor nuevo: Francesco Piccolo, que ha escrito un libro ingenioso y divertido, una literatura hecha a base de pequeñas historias y de observación de lo cotidiano. Es un libro disperso y sencillo. Se titula así: Momentos de inadvertida infelicidad; y está editado en Anagrama.

una sonrisa en el hospital

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“Siempre hay algo por lo que estar contento”. La frase no va dirigida a cualquiera, sino a un niño enfermo, a alguien que está en el hospital. La he sacado de un libro que recomiendo con entusiasmo. El título dice menos de lo que contiene: Más de 150 juegos para divertirse dentro y fuera del hospital (editorial Zenith). Tiene juegos, sí, pero también recuerda anécdotas, sugiere actividades, cuenta chistes, explica entretenimientos, propone retos y tiene una sección imprescindible: “El botiquín de las emociones”. Está dirigido a los niños, pero en realidad es un libro que interesa a cualquier edad. El Complejo Hospitalario de Navarra y la Clínica Universidad de Navarra cuentan al final del libro dos historias conmovedoras de dos pacientes jóvenes. La autora es Lary León, que pasó largas temporadas ingresada en un hospital cuando era niña. Desde su experiencia, escribe convencida que “a veces, una sonrisa es la mejor medicina”.

publicado en Diario de Navarra 23/6/16

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la memoria y el olvido

Juan Marsé es un autor que a sus 83 años no deja de sorprenderme. Califica a la memoria como “Esa puta tan distinguida”. De ella habla en la novela que lleva ese mismo título, publicada en la editorial Lumen; habla de ella, “y de las trampas que nos tiende”. Es una novela ágil, aparentemente ligera, con toques de humor, homenajes al cine, alguna sátira, bastante ironía y una declaración de sus principios como escritor desde las primeras páginas, en las que reproduce una entrevista escueta de 48 puntos.

La historia comienza cuando el escritor recibe el encargo a mediados de junio de 1982 de escribir un guión sobre un suceso criminal que se había producido en la cabina de un cine de Barcelona en 1949, cuando Fermín Sicart mató a la prostituta Carolina Bruil, fue detenido y admitió el crimen pero dijo que no recordaba por qué la mató. El escritor se entrevista con él para recuperar los detalles de aquel suceso, cuando Fermín Sicart es ya un anciano caótico que vive solo en una pensión. La escritura del guión y la investigación del crimen van trenzando la historia que cuenta el libro.

El asesino le dice en su primera entrevista las palabras que le repetía con frecuencia su médico psiquiatra tras aplicarle una terapia de choque para borrarle la memoria: “Sicart, no cultive usted la memoria, esa flor venenosa, a todos nos han pasado cosas que es mejor olvidar” (pág. 81). Esta novela quiere ser precisamente una lucha contra la desmemoria interesada. Dice Marsé: “el olvido es una estrategia del vivir: uno olvida por voluntad propia. La desmemoria es otra cosa: puede estar manipulada”. Y añade: “el escritor es memoria o no es nada”. Y a sus 83 años dice: “escribo para saber si he sido realmente el protagonista de mi vida, como David Copperfield”.