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que nadie duerma

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Autor: Juan José Millás
Título: Que nadie duerma
Editorial: Alfaguara. 2018
Páginas: 212 páginas
Precio: 17,90 euros

Con frecuencia Millás parte en su literatura del mundo real y se desliza hacia lo fantástico, lo misterioso, aquello que es inexplicable, asombroso y se escapa al control de la razón. “¿Qué le diría la ficción a la vida?”, se pregunta la protagonista de esta novela. Y ella misma responde: “le diría: ¿a dónde vas con esas prisas?” (pag. 129).

    Una parábola cruel
Millás ha construido en este libro una historia delirante, que tiene algo de parábola fatal sobre la deriva de la sociedad contemporánea. Cuenta la historia de Lucía, una programadora informática que pierde su empleo por la quiebra fraudulenta de la empresa en la que hacía desarrollos informáticos. Tuvo que reconvertirse, y se hizo taxista. Su vecino de apartamento es amante de la ópera. Se llama Braulio Botas y es actor. Lo ve una sola vez, pero cuando él se marcha de ese edificio en el que vive alquilado, la obsesión de ella es que un día le vuelva a encontrar; y así pasa los días en el taxi, imaginando con él un apasionado encuentro amoroso. Mientras tanto, a quienes lleva en el coche como clientes es a una productora teatral, a un escritor y, por casualidad, al hombre de la empresa de informática que la dejó en el paro.

Millás reitera en esta novela su facilidad de narrador para elaborar una historia con elementos cotidianos que acaban derivando bruscamente hacia el delirio. Las casualidades y encuentros fortuitos desencadenan las tramas principales de esta historia. “¿Tú crees en las coincidencias?”, le pregunta Lucía al hombre que le está dibujando un tatuaje. “Yo creo más en los significados que en las casualidades”, le responde él. Los encuentros casuales son aquí el motor de muchas de las escenas. Revelan la familiaridad que existe entre la realidad y la fantasía en esta historia y conducen al final brusco de esta parábola trágica.

Una fantasía gótica
Motivos que son frecuentes en la literatura de Millás adquieren en esta novela variantes que tienen significados similares a los empleados hasta ahora: los vasos comunicantes de armarios interconectados se transmutan aquí en conductos que transmiten por los tabiques la vida de los vecinos; y los taxis se convierten en habitáculos en los que se intercambian el aliento vidas cruzadas.

Millás plasma en esta historia un mundo hostil, en el que los personajes muestran comportamientos insolidarios; son gentes mediocres que buscan sólo su propio beneficio. Frente a ellos, Lucía adopta el papel de vengadora cruel, matando a cuantos la hacen algún mal. La desolación que reflejan novelas como Cerbero son las sombras, Visión del ahogado o La soledad era esto, deriva en Que nadie duerma hacia una fantasía gótica en la que una mujer pájaro vacía a mordiscos el vientre de sus víctimas.

vivimos un mundo delirante

publicado en Diario de Navarra 22/3/18

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