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cáscara de nuez

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Autor: Ian McEwan
Título: Cáscara de nuez
Editorial: Anagrama. 2017
Páginas: 218 páginas
Precio: 18,90 euros

   Escribir esta novela es un desafío, no por la historia que cuenta, que se basa en una intriga de tipo criminal, interesante y bien planteada, sino por quien es el narrador. La inspiración del relato hay que buscarla en el drama de Hamlet; el propio título está tomado de unas palabras que Shakespeare escribió en esa obra: “podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio… de no ser porque tengo malos sueños”. Esos malos sueños se basan en un crimen, que relaciona a los tres personajes principales de la novela. Trudy es una mujer de veintiocho años, que está embarazada y separada del padre de su hijo. John, el padre, dirige una editorial en crisis, vive de la poesía, es un grandullón de uno noventa y ni siquiera se entera de que está siendo abandonado por su mujer. Y Claude, hermano de John, es agente inmobiliario y un impostor. Ha embelesado a la madre y desterrado al padre, que vive en un piso alquilado en otro barrio de la ciudad. Entre los dos planean el asesinato de John. El móvil: siete millones de libras. La herencia de una mansión.

      Un feto
El desafío de la novela no está en la trama, sino en la voz que cuenta el relato. El narrador en este caso no es nada convencional, porque es el feto que la mujer lleva en sus entrañas. “Así que aquí estoy, cabeza abajo dentro de una mujer –comienza diciendo-. Aguardo con los brazos pacientemente cruzados, aguardo y me pregunto dentro de quién estoy, qué hago aquí”. Este punto de vista puede producir alguna inverosimilitud en los conocimientos que tiene ese inusual narrador, que imagina escenas en las que no está presente y reflexiona sobre temas cuyas informaciones es difícil admitir en sus circunstancias. Pero si el lector obvia esas disonancias, la novela se lee con interés. McEwan combina el thriller con el drama, la ironía y el humor. Plantea temas clásicos de la literatura, como la ambición, el adulterio, el cainismo, el asesinato o el desamor, pero lo hace más desde el vodevil que desde la tragedia de Shakespeare.

     La vileza humana
La novela transmite una visión dura de la condición humana, con referentes existenciales. Todos estamos solos, se dice en sus páginas: “cada uno camina por una autopista desierta, cargando en un hatillo atado a un palo al hombro los planes” (pág. 46). La vileza del ser humano se expresa en el crimen un tanto burdo que planean unos personajes calculadores y sin escrúpulos. El mundo a su alrededor es un lugar demasiado complejo y peligroso. A pesar de que la humanidad nunca ha sido tan rica, tan sana y tan longeva, el pesimismo es el rasgo que define el tiempo descrito en el libro; y esa actitud “exime de dar soluciones a las clases pensantes”. Incluso escribe el autor inglés antes del “brexit” de una Europa en la que está incorporado todavía el Reino Unido. La define como un rincón privilegiado del planeta: “la vieja Europa, esclerótica, relativamente amable, atormentada por sus fantasmas, vulnerable a los matones, insegura de sí misma”.

un crimen por ambición

publicado en Diario de Navarra 9/3/17

Ian McEwan


Nació en 1948, en Aldershot, Gran Bretaña. Vivió de niño en Alemania, en Asia, en Libia, siguiendo a su padre, militar de profesión. Comenzó a publicar cuando tenía cerca de los  treinta años. Primer amor, últimos ritos, fue su primer libro, una colección de cuentos cuyos protagonistas tienen el carácter perverso de quienes se mueven al borde de la demencia. Después publicó otra colección de cuentos, Entre las sábanas, y catorce novelas, que han sido traducidas todas en Anagrama. Ha escrito novelas de contenido histórico, como Chesil Beach y Expiación, que es su libro más premiado y el que más éxito ha tenido; otras de contenido político, como Los perros negros; y thrillers, como El placer del viajero, Amor perdurable y El inocente, novela que impactó por el carácter macabro de algunas de sus escenas.

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