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los margenes de la felicidad

    Era día de mercado y habían acudido a Pamplona comerciantes de todos los lugares para vender el queso del valle del Roncal, el pescado de Laredo y la madera tallada en Garay. Estamos en el año 1027. Reinaba entonces Sancho III el Mayor, cuyas fronteras llegaron a ser las más extensas del reino de Pamplona: desde Astorga hasta Ribagorza. Pero es un tiempo de guerras constantes, y en ese contexto, el rey llama a un maestro lombardo para proponerle que construya una fortaleza en el límite más al mediodía de sus territorios: en el Pirineo aragonés. Esa construcción defensiva será el castillo de Loarre, que hoy es la fortaleza románica mejor conservada de Europa y que fue levantada como una mezcla de castillo militar y de abadía religiosa.

He leído una novela en la que se cuenta su construcción. Se titula El castillo; su autor es Luis Zueco; y está publicada en Ediciones B. Es una ficción histórica que combina personajes reales con otros imaginarios. Éstos son, fundamentalmente, el maestro de obras lombardo, el carpintero Juan y su hijo Fortún, la hija del señor de Xabier, Eneca, y la indómita arquera Ava. Los personajes reales son quienes gobernaron en aquel tiempo: Sancho III, el conde Ramiro y el rey de Aragón Sancho Ramírez. El primero es quien inició las obras y el último, el que las terminó completamente sesenta años más tarde. Lo más interesante de la novela es el relato épico de la construcción del castillo en un tiempo de dificultades, escasos medios y ambiente bélico. Pero al mismo tiempo narra el vivir cotidiano de los protagonistas, que aporta al relato amores, traiciones, rebeldías y aventuras. He anotado el comentario del rey Sancho el Mayor al maestro de obras, cuando se siente ya en el invierno de la vida: “La carne se pudre –le dice-. Las historias de los reyes pueden desaparecer. Sólo la piedra permanece, la piedra y la fe”. En torno a estos dos conceptos gira toda la novela.

mundos femeninos

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   Publicó su primera novela cuando acababa de cumplir 23 años. Desde entonces, Jenn Díaz ha dado a imprenta cuatro obras, casi una cada año; la última se titula Madre e hija (editorial Destino). Es una novela que trata sobre la vida cotidiana, sobre la intimidad y las relaciones familiares. El tono del relato es sentimental, emotivo, melodramático. Se inicia tras la muerte de Ángel, que era el aglutinante de una familia en la que convivían su esposa Gloria, la hermana soltera Dolores y las dos hijas, Natalia y Ángela. Esa familia constituye un espacio fundamentalmente femenino, y la novela indaga en los sentimientos, las necesidades y las carencias de las protagonistas.

Hay una frase que se repite en el libro y que sintetiza el espacio narrativo y sentimental en el que se mueve la novela: “estas cosas son la vida”. Se refiere con esta expresión a la familia, el amor, la madre y los afectos entre personas de distintas generaciones. Estas cosas son la vida y son los temas que aquí se plantean. Los afectos son con frecuencia conflictivos para los personajes y les llevan al desconsuelo. Son gentes que “viven siempre en los márgenes de la felicidad” ( pág. 163) y que dan un fondo existencial a esta novela, que recuerda la prosa intimista de escritoras como Mercé Rodoreda, Carmen Laforet o Ana María Matute.

publicado en Diario de Navarra 3/3/16

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