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arenas movedizas

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Autor: Henning Mankell
Título: Arenas movedizas
Editorial: Tusquets. 2015
Páginas: 374 páginas
Precio: 19,90 euros

a qué tenemos miedo

    Un hombre se levanta el día de Navidad con dolor en el cuello. Va al médico pensando que tiene tortícolis. El dolor se le queda encallado en la nuca y luego le hace insensible la mano derecha. Unos días después le diagnostican cáncer de pulmón con metástasis en el cerebro. Es el 8 de enero de 2014. Se llama Henning Mankell y tiene 66 años.

 Su primera sensación es de miedo. Escribe que fue como si la vida se le encogiera. Como si el tiempo se hubiera detenido de repente y ya no fuese a existir ningún después. Se veía a sí mismo hundiéndose en un banco de arena que quería tragárselo. “La sensación que experimenté fue precisamente esa –dice-, el pavor que me causaban las arenas movedizas” (pág. 31). Entonces comienza a repasar su vida, y así surge este libro. Como un ejercicio de memoria. Como un viaje en busca de sentido. Un recurso para vencer el miedo.
     
   
Libro excepcional
Arenas movedizas es un libro excepcional. Mantiene un difícil equilibrio entre la emoción y las reflexiones. Mezcla numerosas anécdotas, unas personales y otras históricas. Combina con una habilidad extraordinaria relatos sobre la genialidad del ser humano, los progresos científicos, los temores sobre la radiactividad, las agresiones al medio ambiente y el buceo autobiográfico en su propia memoria personal.

Está dividido en 67 capítulos cortos, en los que se entremezclan  historias heterogéneas, pero que no están escogidas de manera arbitraria. En un capítulo habla de las estatuas gigantes de la isla de Pascua; en otro, de la construcción del túnel finlandés Onkalo donde habrán de guardarse residuos nucleares durante 100.000 años; en otro, de la cueva prehistórica de Chauvet, al sur de Francia, donde un hombre dejó impresa la huella de sus manos hace 30.000 años. Todas son testimonios del esfuerzo continuo del hombre por robarle un poco de tiempo a la muerte. Nos hablan del paso del tiempo, de cómo el ser humano se enfrenta a la conciencia de que su vida está instalada en la provisionalidad: “la historia del hombre, igual que la de cualquier ser vivo en el planeta, trata sobre todo de crear estrategias de supervivencia. La vida es el arte de sobrevivir. En el fondo, no es nada más” (pag. 41).

    Las preguntas
Mankell plantea en este libro las grandes preguntas que se hace el ser humano: qué somos, a qué tenemos miedo, qué nos espera al final. Su visión de la vida no es trascendente. Sus sentimientos expresan resignación, pero también dudas, angustia, temores. Y esperanza. Un día –nos cuenta-, después de visitar el museo del Louvre se sienta en un café de la zona. Hace frío, observa a las personas de las otras mesas y piensa que “todas ellas albergan algún tipo de esperanza. De que algo salga bien, de que algo pase pronto, de encontrar la explicación a algo, de que algo que les causaría dolor no sea cierto” (pág. 107).

Vivimos de espaldas a la muerte, y aunque sólo sea por eso, este libro es una lectura recomendable: porque nos enseña qué se plantea un hombre que ve cómo se acerca la muerte hacia él de forma inexorable. Su actitud es serena, reflexiva, emocionada pero sin melodramas. Hay bastante melancolía en estas páginas. Y muchas preguntas. Y dudas ante la incertidumbre. “Creemos que sabemos mucho, pero nos vemos obligados a revisar continuamente nuestra visión del mundo” (pág. 334).

publicado en Diario de Navarra 12/11/15

Henning Mankell


Nació en Estocolmo en 1948. Tenía un año cuando su madre abandonó la familia, así que se crió con su padre, que era juez en una ciudad al norte de Suecia. Tenía 15 años cuando se embarcó por primera vez en un mercante hasta África; y 18 cuando se trasladó a París. A los 20, estrenó su primera obra de teatro y desde entonces se ha dedicado a escribir. El éxito literario lo alcanzó con la serie de novelas policíacas protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, que han sido traducidas a 42 idiomas. Años después fue nombrado director del teatro Avenida, de Maputo, y así transcurrieron los últimos años de su vida: alternando las estancias en Mozambique con su casa en un pueblecito de la costa al norte de Suecia. Murió el 5 de octubre de este año 2015.

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