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la sociedad del malestar

    Vivimos en la cultura del descontento y habitamos una sociedad airada, porque en los tiempos actuales se ha establecido entre la gente un sentimiento de malestar. El catedrático de Filosofía José Luis Pardo define así el momento actual y analiza esta situación en el libro que ha titulado Estudios del malestar, con el que ha obtenido el premio Anagrama de Ensayo. Parte del estado de crisis que ha mermado la prosperidad en la que se vivía hace apenas una década. Esa situación y algunas actuaciones deplorables han erosionado la política y las instituciones. Pero han generado además un sentimiento de malestar que se ha instalado entre los ciudadanos.

Pardo, que es catedrático de Filosofía en la Universidad Complutense y premio Nacional de Ensayo en 2005 por su estudio titulado La regla de juego, expone de qué forma ese sentimiento se puede rentabilizar políticamente: cómo los partidos invocan esa situación para instrumentalizar el descontento como estrategia política. Para evitar la manipulación y la demagogia propugna un pensamiento crítico basado en el conocimiento del pasado, en la filosofía y en el análisis de las actitudes de los partidos. “No hay quien salve a una sociedad que cae en manos de los demagogos”, escribió Ortega y Gasset, y alerta el autor.

El libro ayuda a entender algunos de los acontecimientos recientes de la política y de la sociedad española. Realiza un análisis riguroso de la sociedad actual, de las estrategias de los políticos, de las técnicas de los demagogos, de los peligros a los que se ve abocada una sociedad manipulada por los sentimientos.

la pérdida de la esperanza

    Sam Savage es un escritor tardío. Su primera novela la publicó cuando había cumplido sesenta y cinco años. Se titula Firmin y cuenta la historia de una rata que vive en una biblioteca y se alimenta de libros. Desde entonces ha publicado seis novelas. Cuatro de ellas están editadas en España, la última titulada El camino del perro (Seix Barral).

En forma de monólogo escuchamos en la novela la voz de Nivenson, un anciano que vive solo, con la única compañía de su perro Roy. Durante años tuvo el sueño de convertirse en un gran pintor. Luego se hizo mecenas de las esperanzas de otros; después, coleccionista; y al final crítico de arte. Pasados los años, lamenta la traición y el abandono en que le sepultó su amigo Meininger; recibe con frialdad a su mujer, que regresa junto a él más débil y envejecida; recuerda sin mucho entusiasmo a su hijo del que apenas sabe nada; y observa sin ninguna empatía a sus vecinos. Se prepara para afrontar las pérdidas que la vida le va dando. “Esta novela va de desperdicios” escribe en una de sus páginas. Y esa afirmación es el pórtico de un relato intimista, reflexivo, con toques de sarcasmo.

El camino del perro es una reflexión sobre el sentir dolorido de la propia conciencia y el sentimiento del final. “Roy nunca pensó en la muerte”, dice mientras observa la inmovilidad del perro. “Subió hasta ella moviendo la cola”. Y al momento Nivenson expone su visión dolorida de la conciencia humana: “el hombre emprende el camino lleno de esperanza y de buenos augurios, se adentra en un bosque tenebroso y se pierde en la espesura despellejado por las zarzas”. La escritura de Sam Savage tiene raíces kafkianas. Esta novela es su parábola literaria sobre la pérdida de la esperanza. Su personal metáfora del malestar.

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publicado en Diario de Navarra 1/12/16

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