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en manos de las mafias   

    El último premio Herralde de novela lo ha obtenido el escritor mexicano Juan Pablo Villalobos con el libro No voy a pedirle a nadie que me crea (Anagrama). Cuenta una historia estrambótica, que es más seria de lo que aparenta. El protagonista se llama como el propio autor y es, como él, mexicano. Para cursar un doctorado en Literatura, se traslada a Barcelona; y a partir de entonces su estancia en la ciudad se va a convertir en un quebradero de cabeza. Porque en realidad su primo, un joven estafador mexicano, le ha metido en un negocio en el que tendrá que lidiar con una red de criminales que le manejan a su antojo y quieren aprovecharse de él. ¿Su objetivo? El blanqueo de dinero del narcotráfico.

Con este planteamiento, Villalobos ha escrito una novela paródica, con toques de humor negro. Pone en juego a personajes estrafalarios, curiosos y excéntricos, que se ven involucrados en situaciones extrañas. Mezcla el relato testimonial del protagonista con las páginas de un diario ingenuo que escribe su novia, perdida entre tanto enredo, con los cínicos correos que le envía su madre y con las cartas de su primo desaparecido. El resultado es un relato sarcástico, divertido y ácido. Desmitifica la literatura y expone la idea de que la novela tiene una “función hedonista” (pág. 213). Pero entre tanto disparate, lo cierto es que esta novela se convierte en un artefacto contra la realidad; en una sátira contra los clichés; en un artificio literario contra el sinsentido; y en una reivindicación del humor.

En busca de Irina

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No es fácil en la novela sentimental mantener la contención narrativa y la mesura en el tratamiento de las pasiones y sentimientos de los personajes. Por eso resulta meritorio ver cómo Martín Casariego ha conseguido con una aparente sencillez el tono apropiado para dotar de amenidad y de cierto calado a la novela Como los pájaros aman el aire (editada en Siruela). En ella leemos la historia de un hombre que “durante mucho tiempo había llevado una vida de plástico”, en la que parecía lo que no era en realidad; y al morir su padre y dejarle su mujer, corta en seco con su pasado, cambia de trabajo y se traslada a vivir a otro barrio de la ciudad. En esas circunstancias, por su afición a la fotografía, un día conoce a una mujer joven, de origen lituano, que se llama Irina.

La historia que cuenta la novela es sencilla y se basa en la intriga sobre el pasado de esa mujer y sobre su situación presente en manos de las mafias. El trasfondo psicológico lo componen las cavilaciones del hombre que se enfrenta a la soledad, a preguntas íntimas sobre la existencia y al amor: al amor que cura y enferma a la vez; al amor paciente, que enseña a esperar; al amor que genera la tristeza de perder aquello que amamos. Recordando una estatua del cementerio de Verona, “El ángel de la pena”, Irina se pregunta: “¿no es eso el amor? ¿Un ángel y una herida?” (pág. 119).

Realmente éste es un libro de preguntas sobre el amor, el enamoramiento y el deseo. “¿Dónde se esconde el amor?”, se plantea el protagonista desde el principio. Y luego: “¿Hay mujeres que nos esperan o a las que esperamos sin saberlo?”. Y también: “¿quién no ha sufrido alguna vez por amor?” (pág. 64).

La novela tiene un cierto calado existencial. Los personajes con los que se encuentra el protagonista muestran rasgos de fragilidad y todos los que retrata con las lentes de su padre tienen algo en común: “un arañazo de desamparo” (pág. 34). Sin embargo, el libro aporta un aliento vitalista. Los personajes se agarran a la vida y se aferran al amor “como los pájaros aman el aire”, que es el título de la novela.

publicado en Diario de Navarra 29/12/16

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