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intemperie

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Autor: Jesús Carrasco
Título: Intemperie
Editorial: Seix Barral. 2013
Páginas: 219 páginas
Precio: 16,50 euros

compartir el dolor

    En el primer capítulo de esta novela vemos a un niño agazapado en un agujero, oyendo las voces de los hombres que lo buscan entre los olivos. Cuando ellos se han ido y sale al anochecer de su escondite, el cielo es de un azul oscurísimo. Huele “a tierra quemada y a pasto seco”. Y frente a él tiene solo una amplia llanura que no sabe a dónde lleva, pero que es un largo camino de tierra árida por la que huir. “Se estaba alejando del pueblo, del alguacil y de su padre. Se estaba marchando y eso le bastaba” (pág. 21).

Tardaremos muchas páginas en saber los motivos de su huida y el carácter de los abusos que sufría, que le obligaron a quedarse a la intemperie, en una tierra inhóspita plagada de sombras y oquedades. Y ése será uno de los motivos que sostienen la intriga del libro.
     
   
Contracorriente
Intemperie es la primera novela de Jesús Carrasco. Cuenta una historia dura, con perfiles tremendistas. Recuerda novelas de Cela, como
La familia de Pascual Duarte, o el Delibes de Las ratas. Es una novela contracorriente. Si hoy predomina una novela urbana, Intemperie está ambientada en escenarios rurales; si el lenguaje no parece la principal preocupación de la narrativa contemporánea, ésta hace del estilo uno de sus rasgos más característicos; si la banalidad es una calificación que se aplica con frecuencia a la literatura actual, aquí nos encontramos con un relato denso, convertido en una fábula sobre la violencia, sobre el abuso de las situaciones de poder, sobre el rencor y la venganza.

En su huida, el niño va a encontrarse con un viejo cabrero, que será la escasa ayuda con la que puede contar. Y ni siquiera sabrá su nombre. Cuando lo deje enterrado en una zanja, leemos que “le hubiera gustado conocer el nombre del viejo” (pág. 218). Pero nadie tiene nombre en esta novela. Se llaman “el niño”, “el cabrero”, “el alguacil”. El primero es la víctima; el segundo, la única solidaridad que acompaña su inocencia; el tercero, el abuso infame del poder. Tampoco se nombran los lugares: una llanura árida, un sol abrasador, la tierra reseca y una asfixiante sequía son las referencias del paisaje. Ni siquiera se dice el tiempo en que transcurre la acción. Todo contribuye a dar al relato un sentido alegórico, de fábula, para reflejar el carácter vulnerable del ser humano enfrentado a “una desesperante lucha contra la naturaleza y los hombres” (pág. 157).

    Tremendismo
En la novela destaca el carácter tremendista de la historia. Los personajes se mueven de noche, huyendo en un escenario hostil y empobrecido, siempre al límite de sus fuerzas. El naturalismo, el paisaje rural y los arcaísmos léxicos dan un tono de aspereza tremendista a esta novela, que quiere ser una imagen simbólica de la búsqueda de algo mejor por parte del ser humano. El niño no sabe a dónde va, pero sí hacia dónde quiere dirigir sus pasos: siempre hacia el norte. Por eso, al final, él sigue en camino hacia ese lugar ignoto. Así acaba:
“La Estrella Polar servía como guía. A veces se desviaban del rumbo pero, tarde o temprano, siempre encontraban un sendero que les volvía a dirigir hacia su destino” (pág. 219).

publicado en Diario de Navarra 28/3/13

Jesús Carrasco


Nació en Badajoz, en 1972. Es licenciado en Educación Física. Vive en Sevilla, donde trabaja como redactor publicitario. Intemperie es su primera novela, cuyos derechos de traducción ya fueron vendidos a varias lenguas durante la pasada Feria de Fráncfort.

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