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la memoria secreta de las hojas

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Autor: Hope Jahren
Título: La memoria secreta de las hojas
Editorial: Paidós. 2017
Páginas: 332 páginas
Precio: 20 euros

   Su familia llegó a Minnesota desde Noruega con una oleada de inmigrantes que cruzó el océano a finales del siglo XIX huyendo del hambre. Sus bisabuelos se pusieron a trabajar en un matadero que abastecía de carne a todo el Medio Oeste de Norteamérica. Años después, su padre sería de los pocos habitantes de la zona que no trabajaba en aquella fábrica. Se dedicaba a enseñar física y ciencias de la tierra en el laboratorio de una escuela superior; y allí se sitúan los primeros recuerdos de Hope Jahren, que hoy dirige su propio laboratorio en el Instituto de Biología de la Universidad de Oslo. Este libro es la historia de su vida, pero también un ramillete de historias científicas que tienen a la naturaleza como protagonista.

      Una infancia de nieve
La memoria secreta de las hojas es un relato sorprendente. Jahren alterna temas científicos con la evocación de su propia biografía. Comienza contando que la vida en la tierra es básicamente obra de las plantas. “Vivimos rodeados de plantas, pero en realidad no las vemos”, dice, o las cuidamos poco. “En los últimos años se han talado 50.000 millones de árboles. Cada diez años cortamos el 1% de la totalidad de nuestros árboles sin volver a repoblarlos”. Y a continuación recuerda su infancia durante la década de los años setenta, en una tierra de bosques en la que había nieve nueve de cada doce meses del año.

Jahren escribe a partir de entonces cómo una joven se construye su vida en un mundo de hombres: sus estudios en la universidad, los distintos trabajos que desempeñó para pagarse la matrícula y que le enseñaron a apreciar el esfuerzo, a valorar el servicio a los demás, a sentir la satisfacción de la tarea bien hecha. En unas páginas profundamente humanas cuenta su experiencia en un hospital, donde aprendió a conocer el dolor, el desvalimiento y la impotencia ante el poder implacable de la muerte.

En los siguientes capítulos cuenta la historia de una mujer dispuesta a labrarse su propio camino: habla de sus trabajos en distintos laboratorios y de su empeño por sacar adelante cada uno de sus proyectos. Escribe: “las personas son como las plantas: crecen buscando la luz” (pág. 32).

     La vida en Honolulu
Hope Jahren trabaja ahora en su propio laboratorio de Honolulu, después de haber estado catorce años impartiendo clases en la universidad. El espectómetro de masas que maneja es capaz de diferenciar el peso de un átomo que tenga doce neutrones de otro de trece; y con él analiza la huella química que dejan los explosivos caseros. Pero a ella lo que más le interesa es estudiar los procesos que se dan en el crecimiento de las plantas. “Una semilla sabe esperar –escribe-. La mayoría de las semillas esperan un año antes de empezar a crecer; una semilla de cereza puede llegar a esperar hasta cien años sin ninguna dificultad”.

Los experimentos científicos que cuenta derivan con naturalidad al recuerdo de anécdotas de su propia vida. Y de todo ello expone a veces reflexiones de una profunda sabiduría: “Todo comienzo es el final de una espera. A cada uno de nosotros se nos ha concedido una única oportunidad de existir. Todos somos algo en esencia imposible y a la vez inevitable. De la misma manera que todo árbol repleto de frutos fue antes una semilla que aguardaba su momento”.

    Lo excepcional
El libro aporta también una colección de retratos de personas que se han cruzado en su vida. La autora tiene dos cualidades imprescindibles para todo escritor: sabe mirar, ver lo excepcional que hay tras un gesto humano o tras una planta aparentemente abandonada en medio del camino; y sabe al mismo tiempo transmitir la emoción que encierra cada escena. En un momento, escribe tajante: “nuestro mundo se está desmoronando en silencio”. Pero esa frase es sólo un aviso para evitar los ataques que causamos a la naturaleza. Porque el libro, sin embargo, está lleno de positividad. Unas páginas más delante concluye: “como científica, soy sólo una hormiga, insuficiente y anónima, pero soy más fuerte de lo que aparento y formo parte de algo mucho más grande que yo. Juntos estamos construyendo algo que llenará de admiración a los nietos de nuestros nietos, y para construirlo consultamos a diario las instrucciones que nos dejaron los abuelos de nuestros abuelos” (pág. 321). Lean este libro y verán que no han perdido el tiempo.

una mujer poco convencional

publicado en Diario de Navarra 23/3/17

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