…esta es la historia…


    La desaparición de un objeto en el Palacio Real de Madrid pone en marcha una investigación policial reservada. Durante esos días de 1981 la Transición política española está pasando por uno de sus momentos más delicados, por las presiones del terrorismo y del ejército.


    El objeto desaparecido pertenece a la época en la que vivieron Velázquez, Felipe IV y el conde-duque de Olivares. El robo se produce en un momento en que las tensiones sociales amenazan al presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y al mismo rey Juan Carlos. ¿Cómo investigar cuando la inestable situación política aconseja el sigilo y el secreto?


    Esta novela indaga en las herencias polémicas de la monarquía.


    Herederos del paraíso combina con un ritmo intenso la mejor ficción policíaca con la recreación rigurosa de sucesos históricos.

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…y así empieza la novela…




I

   

    En las bóvedas estucadas del Palacio Real resonaban los taconazos del vigilante que corría por los pasillos de mármol de los salones privados del rey. A la carrera atravesó las salas que guardan las porcelanas y vajillas en las que posaron sus labios jóvenes reinas de otros tiempos; cruzó la antecámara que atesora en sus vitrinas platas repujadas del siglo XVII, y llegó jadeando hasta los cuartos privados de la reina. El taconeo seco sobre los suelos de mármol dio paso al crujido del entarimado de aquellas habitaciones, donde infantas y princesas engendraron en noches de pasión niños que después serían coronados reyes.

No era normal que a esas horas tempranas de la mañana un vigilante armado cruzara corriendo aquellas estancias, que siempre permanecían sumidas en el silencio y en un sosiego extraño, como si entre aquellas paredes se cobijaran las sombras de las gentes que las habitaron, como si con esa atmósfera opaca los muertos reclamaran aún la propiedad de aquellos salones privilegiados...


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…y así empieza la novela…


I
    
    En las bóvedas estucadas del Palacio Real resonaban los taconazos del vigilante que corría por los pasillos de mármol de los salones privados del rey. A la carrera atravesó las salas que guardan las porcelanas y vajillas en las que posaron sus labios jóvenes reinas de otros tiempos; cruzó la antecámara que atesora en sus vitrinas platas repujadas del siglo XVII, y llegó jadeando hasta los cuartos privados de la reina. El taconeo seco sobre los suelos de mármol dio paso al crujido del entarimado de aquellas habitaciones, donde infantas y princesas engendraron en noches de pasión niños que después serían coronados reyes. 
No era normal que a esas horas tempranas de la mañana un vigilante armado cruzara corriendo aquellas estancias, que siempre permanecían sumidas en el silencio y en un sosiego extraño, como si entre aquellas paredes se cobijaran las sombras de las gentes que las habitaron, como si con esa atmósfera opaca los muertos reclamaran aún la propiedad de aquellos salones privilegiados...

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Herederos del paraíso, Ediciones B