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los poderosos lo quieren todo

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Autor: José María Guelbenzu
Título: Los poderosos lo quieren todo
Editorial: Siruela. 2016
Páginas: 320 páginas
Precio: 19,95 euros

   En la primera página este libro recibe al lector de esta manera: “Señoras y señores, distinguido público, sean todos bienvenidos a este modesto tablado de marionetas en el que se va a representar la comedia intitulada Los poderosos lo quieren todo”. Tablado de marionetas, comedia, sátira, sainete bufo son algunos de los calificativos con los que puede definirse la última novela de José María Guelbenzu. En ella pinta un fresco de la sociedad contemporánea, en la que merodean las corruptelas, la falta de moral en todos los niveles sociales y un cinismo generalizado. Esta denuncia se transmite mediante un relato paródico, imaginativo y que tiende unas veces a la risa, otras a la reflexión y en ocasiones, se acerca a la gamberrada. El resultado es un esperpento crítico sobre algunos comportamientos obscenos que se dan en estos tiempos desquiciados.

      El asesor fiscal
La historia se centra en el asesor fiscal Hermógenes Arbusto, experto en diseñar dudosas operaciones financieras, al que un día visita la Muerte en su despacho. Para librarse de ella, hace un trato con el diablo: entregarle su alma a cambio de alejar la muerte por un tiempo de su vida. El diablo le pone una primera condición: no tiene que hacer el bien a nadie a partir de entonces; y una segunda exigencia más dura: darle en prenda a su hija Maribel, que permanecerá dormida “hasta que alguien sea capaz de posar en sus labios el beso del amor” (pág. 39).

A partir de este planteamiento propio de la literatura fantástica, la novela construye una farsa sobre el poder, a la que se van sumando otros actores, como la esposa de Hermógenes, que por deshacer el enredo está dispuesta a seducir al mismo diablo. Y enseguida aparecen en escena otros farsantes: un mendigo ilustrado, varios caraduras y el poeta y profesor de instituto Tomás Beovide, que se enamora a primera vista de Maribel, la joven que está en coma por el pacto con el diablo.

Otras marionetas se incorporan como figurantes a esta representación, cuyos nombres resultan demasiado explícitos: un crítico literario se llama Fernando García de las Letras; una inmigrante latina, Altagracia Miamol; el portavoz del partido conservador, Luis Lajodiste; el contable de la empresa, Florencio Capullo; el empresario, Nadal-Zambomba, quien realiza pagos de comisiones fraudulentas en el entorno del partido catalanista Conveniencia Democrática; y se suman hasta unos príncipes, llamados Bokoroko, de quienes Hermógenes administra su ingente fortuna, “con tanta eficacia que la última declaración a Hacienda les saliera a devolver” (pág. 74).

     La farsa
Las referencias a la realidad actual que el lector puede identificar fácilmente contribuyen a la intención satírica del texto. El tono es humorístico, destacando lo extravagante, tensando la exageración hasta lo estrambótico. La lectura es ágil y la composición añade algún toque vanguardista, como la presencia de un narrador que interviene al estilo de las nivolas unamunianas, para provocar el final precipitado del libro.

En la representación de esta divertida farsa carnavalesca no queda títere con cabeza. La amoralidad se ha instalado en los comportamientos sociales; la ambición desmesurada guía la actuación de los personajes; el cinismo es su norma; y la mentira se ha convertido en el proceder habitual de quienes aspiran a conquistar el poder. Así lo aconseja uno de los personajes ante algún político: “Mentir, siempre mentir, mentir descaradamente… Mientan sin pudor… Siempre negar la evidencia, hacer del descaro un arma mortal (…). Recuerden: descaro para engañar, descaro para mentir, descaro con razón o sin ella. Ahí reside el Poder” (pág. 272).

un pacto con el diablo

publicado en Diario de Navarra 3/3/16

José María Guelbenzu


Nació en Madrid en 1944. Licenciado en Derecho y Dirección de Empresas, dirigió durante años las editoriales Taurus y Alfaguara. Ha publicado artículos con regularidad en la revista Cuadernos para el Diálogo, en Informaciones, en la Revista de Libros y en El País. Desde que editó en 1968 la novela El Mercurio ha escrito más de veinte libros, entre ellos El río de la luna, premio de la Crítica en 1981, La mirada, La Tierra Prometida, con la que obtuvo el premio Plaza y Janés en 1991, El sentimiento, El amor verdadero y varias novelas policíacas protagonizadas por la juez Mariana de Marco.

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