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el futuro que nos espera

    El paso de la modernidad al posmodernismo ha supuesto el fin del pensamiento que buscaba en el mundo orden y sentido. En su lugar se ha impuesto la reinterpretación lúdica de la vida, la visión irónica del pasado y un cierto nihilismo hacia el presente. Así lo escribió Bauman al hablar del actual pensamiento líquido y así lo recuerda Umberto Eco en el primer artículo de este libro que él mismo había preparado para la imprenta poco antes de morir en febrero de este año. Estamos en un momento de cambio, escribe, “y es típico del interregno la existencia de movimientos de indignación. Estos movimientos saben lo que no quieren, pero no saben lo que quieren. Actúan, pero nadie sabe cuándo ni en qué dirección, ni siquiera ellos”.

El libro se titula De la estupidez a la locura (editorial Lumen) y reúne una colección de artículos cortos, de un par de páginas cada uno, que han aparecido en la prensa a lo largo de los últimos quince años. Aquí están agrupados en catorce apartados temáticos, que tratan sobre la sociedad actual, los medios de comunicación, los teléfonos móviles, la cultura on line, Internet, el racismo, la educación, la política. En el artículo titulado “Pedir perdón” escribe: “muchos que arrojan la piedra y esconden la mano piden perdón precisamente para seguir como antes” (pág. 473).

Umberto Eco muestra un pensamiento crítico e independiente. Escribe con claridad y en sus análisis es ingenioso y certero. El libro da que pensar.

un mundo de fábula

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Yasmina Khadra es un seudónimo y en realidad es un hombre. Fue comandante del ejército argelino y se llama Mohammed Moulessehoul. Adoptó ese nombre literario por motivos de seguridad para escribir libremente una serie de novelas policíacas en las que no era demasiado complaciente con la situación política de su país. Ha escrito también sobre la violencia islamita en Argelia, en Afganistán y en Irak, en las novelas tituladas Lo que sueñan los lobos, Las golondrinas de Kabul y Las sirenas de Bagdad. Sus dos novelas más conocidas son El atentado, sobre el conflicto entre Palestina e Israel y Lo que el día debe a la noche, que ha sido llevada al cine, en la que cuenta la historia de un amor imposible entre una muchacha francesa y un joven argelino, que se frustra en el trasfondo dramático de la guerra de independencia de Argelia. Ahora se ha traducido al castellano su obra más reciente: El olimpo de los desdichados (editorial Destino).

Esta novela cambia de registro con respecto a las anteriores. Transcurre en un territorio genérico situado al margen de países y de geografías concretas. Es un espacio de arrabal, en realidad un vertedero a orillas del mar, en el que vive un grupo de personas que hacen de la pobreza su dignidad. Son vagabundos que desprecian el dinero (“el dinero es la madre de todas las desgracias”), tienen sus propias normas y su sentido personal de la dicha: “la felicidad consiste en callarse cuando las olas se divierten. Aunque no tengamos gran cosa, ponemos corazón en nuestra pobreza. Ahí está la diferencia. Lo que para los demás es mal tiempo, para nosotros es una fiesta. Es una cuestión de mentalidad” (pág. 21).

El relato tiene un tono de fábula. Describe un mundo áspero en el que sus pobladores ignoran lo que es la queja porque no creen en el porvenir ni en la caridad de la gente. Han renunciado a la esperanza y se resignan: “la miseria también se hereda”, escucha Júnior tumbado en el suelo. Pero Ben Adam le reprocha al final su inacción: “somos los únicos artífices de nuestras desgracias, y los únicos capaces de ponerles remedio. Sigues teniendo la vida por delante. Te sobra tiempo para rectificar. La vida se merece sus fatigas” (pág. 141).

publicado en Diario de Navarra 16/12/16

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