he leído…

de espías y asesinos

    La novela que reveló a Frederick Forsyth como uno de los mejores escritores de thriller fue Chacal, en la que este autor británico, antiguo piloto y periodista de investigación, narró la historia de un atentado contra el presidente francés Charles De Gaulle a comienzos de la década de los años sesenta. Aquella trama iba a poner de moda un género literario en el que la ficción se asienta sobre hechos históricos y que combina el espionaje con una acción vibrante que se desarrolla en escenarios de poder. La historia, llevada al cine por Zinnemann, consagró una fórmula literaria que han seguido posteriormente varios escritores. Forsyth siguió usando esa técnica, que imita al periodismo de investigación, en obras posteriores como Odessa, en la que un reportero alemán es el encargado de destapar una red de ex agentes nazis en la Alemania moderna; El cuarto protocolo, que trata sobre la amenaza de las bombas nucleares; Los perros de la guerra, donde se contrata a unos mercenarios para derrocar un gobierno africano; o El negociador, novela que está ambientada en Norteamérica, en la que el protagonista ha de resolver el secuestro del hijo del presidente de los Estados Unidos.

Después de publicar otras obras de menor éxito, Forsyth ha vuelto a la novela este año con La lista (Plaza y Janés). El título hace referencia a la relación de los terroristas que suponen una amenaza para Estados Unidos: una lista de nombres que mantienen en secreto el presidente y una unidad gubernamental reservada. Entre ellos hay un hombre apodado el Predicador, que recluta por Internet a islamistas radicales. El ritmo ágil de la narración, la intriga y los saltos a escenarios donde transcurren algunos de los conflictos actuales, hacen de esta novela una lectura entretenida que disfrutarán los amantes del género.

asesino en serie

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    He leído también la novela de Isabel Allende El juego de Ripper (Plaza y Janés). En uno de los capítulos se produce este diálogo entre dos personajes: “¿Es una novela policial?”, le pregunta una mujer a un supuesto escritor. “Digamos que sí. ¿Le gusta ese género?”. Y ella responde así a esta cuestión: “Prefiero otros, para serle franca” (pág. 422).

Al leer esta novela se nota que a Isabel Allende no le atrae especialmente el género policial. Y sin embargo, eso es lo que ha escrito: un thriller acerca de un asesino en serie, una novela policial, que es uno de los géneros que está de moda en estos tiempos de crisis editorial. Quizá por eso la autora ha preferido no tomarse el género en serio: ha acudido a un juego de rol, que es ese juego de Ripper que anuncia el título. El relato se distancia de la sordidez real del mundo del crimen. Construye personajes bondadosos como contrapunto a la maldad de los asesinos. Emplea recursos folletinescos. Siembra el texto con algunas frases de filosofía convencional, aromaterapias y otras prácticas. Y enhebra una intriga a ratos bien elaborada.

Al final confiesa que este libro surgió de un encargo de su agente Carmen Ballcells para que escribiera una novela policial a cuatro manos con su marido Willie Gordon. Ese proyecto fracasó, y el resultado fue esta novela, que resulta extraña en la trayectoria de Isabel Allende, después de haber publicado ya veinte obras en las que ha ido construyendo un mundo propio reconocible.

publicado en Diario de Navarra 6/3/14

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