he leído…

de escritores y espías

    ¿Por qué se escribe? ¿Y de qué manera las ideas se convierten en palabras y éstas provocan emociones? A estas preguntas respondió el escritor inglés R. L. Stevenson en varios artículos, que han sido reunidos en el libro Escribir. Ensayos sobre literatura, publicado en Páginas de Espuma. El libro se divide en tres secciones, que hablan de la escritura, los libros y los escritores.

Stevenson revela aquí cómo escribió su obra más conocida, La isla del tesoro. Enumera los libros que más le influyeron: los Ensayos de Montaigne, Hojas de hierba, de Walt Whitman, la Biblia, y autores como Marco Aurelio, Spencer, Wordsworth, Daniel Defoe. Se muestra como un gran lector. Comenta obras de Shakespeare, de Dumas, de Victor Hugo, de Edgar Allan Poe. Escribe sobre la literatura: “su influencia es profunda y callada, como la influencia de la naturaleza” (pág. 117). Confiesa cómo aprendió a escribir de modo autodidacta: siempre llevaba en el bolsillo dos libros: uno, para leerlo; el otro, para escribir en él.

He anotado en mi diario de lecturas la receta fundamental que Stevenson señala para ser un buen escritor (y un buen ciudadano, añade): leer a autores inteligentes. Aprender con ellos que uno no siempre tiene toda la razón. Escribe en este libro: “el discurso y la lectura unidos constituyen el medio más eficaz para educar a los jóvenes”.

Garbo, el espía

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   Engañó a los nazis, creó una red falsa de espías, emitió informes falsos, pudo llegar hasta los altos mandos del ejército alemán, se hizo agente doble y colaboró con los aliados. Hizo creer a los alemanes que el desembarco que se produjo en Normandía iba a ser en Calais. Y su contribución fue decisiva aquellos días para la definitiva derrota de los nazis.

Había nacido en Barcelona. Se llamaba Juan Pujol, pero se ocultaba bajo el nombre en clave de Garbo. A pesar de la niebla que creó alrededor de sí mismo, al final de la segunda Guerra Mundial tuvo que salir de Europa. Se instaló en Caracas, con nombre falso, haciéndose pasar por un experto en arte. Luego desapareció. Se supo que había muerto. Lo mataron de malaria en Angola. Pero era falso.

Sobre él se hizo un magnífico documental que obtuvo hace tres años un premio Goya. Ahora se ha traducido la biografía que ha escrito el periodista Stephan Talty. Se titula Garbo, el espía (Destino). El libro se lee como un thriller, pero cuenta hechos reales.

Garbo murió el 10 de octubre de 1988 y está enterrado en Venezuela, en un pequeño cementerio, junto a un parque nacional. “Un lugar poblado de bosques con nieblas perpetuas” que ocultan su tumba, de la misma manera que él quiso ocultar siempre su verdadera identidad de espía doble.

publicado en Diario de Navarra 23/1/14

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