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Autor: Manuel Vilas
Título: Ordesa
Editorial: Alfaguara. 2018
Páginas: 388 páginas
Precio: 18,90 euros

Manuel Vilas ante el espejo

  “Todo hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo”. Manuel Vilas escribió estas palabras el 9 de mayo de 2015. Lo cuenta en el primer párrafo de este libro. En él se mira al espejo y ve su historia personal marcada por la ausencia de su padre, la muerte de su madre, el derrumbamiento de su matrimonio y las imposturas de la sociedad que le rodea. Recuerda entonces que una mañana del mes de julio, hace años, su padre tuvo un pinchazo en el valle de Ordesa, acercándose a Monte Perdido. Y ese recuerdo le va a servir como imagen de su estado mental mientras escribe este libro, que es al mismo tiempo una búsqueda del padre, una elegía y una terapia.

     Un libro de familia
Ordesa es un texto autobiográfico. Nace de la contemplación de un presente de desamparo; y a partir de ese sentimiento navega en la memoria para construir el relato fragmentario de unas vidas entrelazadas por lazos familiares. Manuel Vilas practica aquí la literatura entendida como indagación en la propia vida. Bucea en la identidad personal. Escribe para reconocerse y para reconocer el entorno. El tono confesional y la autobiografía son los rasgos que definen este libro. En él habla de su padre, de las enfermedades de su madre, de sus propias dolencias, de sus hijos, de su infancia, de su divorcio. Escribe sobre sus temores, su soledad, sus ilusiones frustradas y también sobre la alegría de vivir.

    Las cosas que se pierden
Ordesa no está escrito según las convenciones del relato tradicional. No hay en él un progreso narrativo, sino un movimiento en espiral y círculos concéntricos en torno a momentos emblemáticos de la vida. Hay una voluntad de buscar el sentido narrativo a la vida. Y eso sólo es posible contándola, relatando los hechos que la han conformado. Los hechos terribles de una vida elemental como todas. “Sin hechos terribles, o simplemente hechos, acciones, que pase algo, nuestra vida no tiene historia ni trama, y no existe”. (pág. 285). Esos hechos terribles son la muerte de los padres, un divorcio, el destino aciago de algunos familiares y la pérdida que recorre cada página de este libro.

Mediante esas historias, se construyen en estas páginas algunos retratos destacados: la madre, compendio –según ella- de todas las enfermedades que tuvieron nombre; el padre, un hombre esencialmente bueno; y sobre todo, el narrador, profesor de instituto durante veintitrés años, hasta que renuncia a ese trabajo en plena crisis económica, divorciado, padre de dos hijos, hijo de unos padres a los que evoca con ternura. “Creo en los muertos –confiesa- porque ellos nos amaron mucho más que los vivos de hoy” (pág. 125). 

   Desde la comprensión
En el relato de sus vidas, el autor rehúye el melodrama, evita la compasión, se aleja de la nostalgia, no conjuga el verbo acusar, ni hacia los otros ni hacia sí mismo. Ordesa está escrito desde la comprensión. Al final de una etapa de alcoholismo, escribe: “viajé hasta Ordesa, y me quedé contemplando las montañas. Vi con claridad los errores de mi vida y me perdoné a mí mismo todo cuanto pude, pero no todo. Aún necesitaba tiempo” (pág. 94).

Manuel Vilas escribe con un estilo admirable: escueto, sugerente, poético, salteado de aforismos. Asombra la riqueza de la escritura y la sensibilidad emotiva de su lenguaje. Las paradojas, las imágenes, las enumeraciones de objetos que simbolizan el deterioro de la vida, el vacío y la pérdida componen textos emotivos, que hablan del dolor, de la ternura, del desamparo y también de la alegría de que el sol entre en el dormitorio solitario de un hombre recién divorciado, para celebrar el asombro de la existencia.

Hay mucha poesía en este libro. Y dolor también. El autor reconoce que en cualquier vida hay un millón de errores. Pero eso es el vivir. Y eso es lo que aquí se cuenta: que “pasamos por el mundo, y luego nos vamos. Les dejamos el mundo a otros, que vienen y también hacen lo que pueden” (pág. 184).

publicado en Diario de Navarra 8/3/18

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