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entre la historia y la ficción

  Entre la historia y la ficción, Juan Pedro Aparicio ha publicado en Salto de Página Nuestros hijos volarán con el siglo. El protagonista del libro es Jovellanos, el hombre ilustrado, racional y sereno que quería un destino renovador y de progreso para España. En este libro lo vemos en los últimos años de su vida, cuando los franceses ocupan Gijón y él se ve obligado a embarcar en el Volante, para huir precipitadamente por mar. Durante la travesía rememora su vida. Y esos recuerdos, sus peripecias vitales y la tensión de la huida forman el contenido de la novela.

Comienza el 6 de noviembre de 1811. El trayecto de Gijón a Ribadeo era un viaje de apenas unas horas, pero se alarga una semana porque el temporal no permite que el barco pueda acercarse a la costa. Y en ese tiempo, la embarcación se convierte en la novela en un microcosmos de la España de su tiempo, en la que conviven personajes históricos y literarios. En esas páginas se va describiendo a quienes lo acompañan, mientras Jovellanos evoca su vida, en la que no faltaron los halagos del Gobierno, el desengaño y la cárcel. Pero la travesía adquiere al mismo tiempo un significado metafórico más amplio: la imagen de la vida como viaje. El final de ese viaje es la muerte. Y aunque Jovellanos ansiaba exiliarse en Londres, esa meta sería para él uno más de sus sueños inalcanzados.

Cisneros

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   Vivió una etapa clave de la Historia, un tiempo de transición, tras la muerte de don Juan, heredero de los Reyes Católicos. De su vida han quedado escasos testimonios, e incluso se califican como “años oscuros” los primeros sesenta años de su vida, porque son desconocidos y de ellos apenas hay referencias históricas. Fue el tiempo de su vida privada. Pero en 1495 fue nombrado arzobispo de Toledo y años después cardenal. Fue el cardenal Cisneros, que es el personaje a cuya vida dedica una extensa investigación el historiador francés Joseph Pérez, en la editorial Taurus.

El libro repasa algunos sucesos de su vida, como estudiante de Derecho y luego hombre ambicioso e intrigante, hasta que entra en la orden franciscana, se convierte en confesor de la reina y ocupa el cargo de regente por dos ocasiones. Estos aspectos biográficos están tratados en la primera parte del libro. Sin embargo, esta obra -documentada, rigurosa y de amena lectura- se centra más en analizar la figura de este personaje como estadista, en el contexto de la monarquía hispánica. Escribe el autor que Cisneros fue un precursor en algunos aspectos del Estado moderno, como institución al servicio del bien público. Es muy interesante el capítulo en el que repasa su labor como inquisidor, su protección a Nebrija cuando iba a ser procesado, la difusión de las ideas reformistas de Savonarola, la creación de la universidad de Alcalá, siguiendo el modelo de París, y la edición de la Biblia políglota en la que invitó a participar a Erasmo de Rotterdam. Se dice en el libro que el rey hubiera querido que lo nombraran Papa, y sin embargo, al final de su vida rehuyó reunirse con él. Por ello cuenta el autor que desde entonces se divulgaron algunas versiones según las cuales Cisneros pudo morir envenenado.

publicado en Diario de Navarra 29/5/14

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