he leído…

el final de la vida

    Leo la última novela del escritor Julian Barnes, El sentido de un final (Anagrama). Es un libro breve, una narración condensada, demasiado esquemática, en la que un hombre llamado Tony Webster, indaga en la memoria para evocar los años de su juventud. “En el colegio es donde comenzó todo”, dice. Allí se juntaron cuatro amigos, y Tony recuerda su amistad con ellos. Sobre todo, con Adrián: un joven listo, algo enigmático, cuya vida terminaría trágicamente veintidós años después. En esa primera parte, el libro evoca la vida juvenil típica del grupo: escenas de pandilla de amigos, estudios y primeros amores. Plantea en ella una pregunta: “Nuestras actitudes y opiniones cambian, desarrollamos costumbres y excentricidades nuevas, pero ¿cambia el carácter a lo largo del tiempo?” (pág. 131).

En la segunda parte la novela da un salto a cuarenta años después, cuando el narrador está ya jubilado y mantiene una serena amistad con su exmujer Margaret. Entonces reaparece la esposa de su amigo Adrián, en cuyo diario se hacía referencia a él. Conseguir ese diario, que nunca llegará a sus manos, se convierte en un objetivo del narrador, que reflexiona de nuevo con nostalgia sobre el tiempo pasado. Las digresiones del personaje sobre el tiempo vivido son lo esencial de las páginas de esta segunda parte.

El sentido de un final no es una novela redonda, pero tiene páginas sugerentes. En la lectura, he subrayado la idea de que el final de la vida no es su terminación, sino “el final de cualquier posibilidad de cambio en esa vida” (pág. 185).

crucero en el Nilo

    J. M. Guelbenzu publicó en 2001 la novela policíaca titulada No acosen al asesino, protagonizada por la jueza Mariana de Marco. Desde entonces son ya seis las novelas en las que ha ido apareciendo esta mujer valiente y atractiva, en la cuarentena de la edad, divorciada, dura y necesitada de afecto, que se ha convertido en uno de los personajes más característicos de la actual novela de investigación criminal.

El último caso en el que participa se titula Muerte en primera clase (Destino). En esta ocasión Mariana está de crucero en el Nilo, invitada por su amiga Julia Cruz. El barco Royal Princess se convierte en el escenario cerrado en el que se junta un selecto grupo de financieros adinerados y prepotentes. Entre ellos, una mujer de sesenta años, Carmen Montesquinza, que cuando desaparece, sus familiares están más interesados en el problema de la herencia que en su destino.

La novela recuerda el clásico de Ágatha Christie Muerte en el Nilo. El hotel flotante que se desplaza desde Luxor a Asuán reúne en un mismo escenario a los sospechosos, las víctimas y la investigadora Mariana de Marco, convertida en un moderno Hércules Poirot. Los personajes bien construidos y el leve humor de los diálogos son los rasgos más destacados de esta obra, entretenida, bien elaborada, que plantea temas como el amor, la amistad y el deseo, y continúa una de las series más representativas de la novela policíaca contemporánea.

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publicado en Diario de Navarra 31/1/13

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