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mucho cuento

    Uno de sus libros de cuentos tuvo una curiosa historia editorial. Hipólito G. Navarro lleva ya un cuarto de siglo publicando relatos: su primer libro apareció en 1990, en una pequeña editorial de Granada, de nombre pomposo: editorial Don Quijote. El segundo, dos años después. Era el año 1992 y en Sevilla se celebraba la Expo. El editor al que había entregado el manuscrito se enamoró de una de las azafatas del Pabellón de Navarra, hizo las maletas, cerró la editorial y se vino con ella al norte. El día anterior de su salida habían llegado a la editorial desde la imprenta las cajas recién embaladas de ese segundo libro de cuentos de Hipólito G. Navarro, titulado Manías y melomanías mismamente. Adiós a la distribución del libro. Aquella colección de treinta y dos relatos cortos, escritos con voluntad de innovación, se quedaron allí encerrados debido a tan repentina historia de amor.

En 2005 apareció en Seix Barral su libro más reconocido: Los últimos percances, en el que incorporó también los dos libros que había publicado después de aquel fiasco editorial: El aburrimiento, Lester y Los tigres albinos. Con ese libro obtuvo el premio Mario Vargas Llosa NH de relatos.

Han pasado desde entonces doce años, en los que se ha consolidado como uno de los escritores más importantes del cuento contemporáneo, por los cinco libros publicados hasta ese momento. Y ahora, después de tanto tiempo de silencio editorial, Hipólito G. Navarro reaparece con La vuelta al día (Páginas de Espuma). Es éste un libro heterogéneo, que reúne textos reescritos y que sigue expresando el concepto de una literatura experimental, innovadora, de búsqueda de nuevas formas de contar historias, que siempre ha guiado la obra de este escritor. En algunos de estos textos abre una línea autobiográfica, memorial, de recuerdos personales, que señalan tal vez el camino por el que se encauza su escritura actual.

El pie de imprenta del libro dice así, seguramente para conjurar el descalabro de aquella edición que se quedó en los almacenes del editor: “esta primera edición de La vuelta al día de Hipólito G. Navarro se terminó de imprimir el miércoles 14 de septiembre de 2016, intentando a toda costa que no se terminara de imprimir el día anterior. Por si las moscas”.

    Unos instantes de felicidad   

    Soledad Puértolas cultiva un tipo de cuentos de composición clásica, íntimos, personales, emotivos: la literatura como indagación en los sentimientos de los personajes, en los problemas cotidianos, en las relaciones humanas. Ha publicado ya siete libros de cuentos, desde que en 1982 apareció Una enfermedad moral. Esos libros la han convertido en una escritora indispensable en la historia del cuento actual. El último se titula Chicos y Chicas (Anagrama) y reúne once relatos que tratan sobre las relaciones personales. Reflejan un abanico de situaciones en las que los personajes se encuentran, se separan, se reúnen, se distancian.

Con una profunda humanidad, con humor a veces, Soledad Puértolas habla de los lazos familiares y de los vínculos que se establecen entre madres e hijos, en los relatos titulados “Tarot” y “Barro”. Escribe sobre sueños, sobre lo que podríamos decir y no alcanzamos a expresar bien, como el escritor de “Incendios”. Y de aquello que nos pasa desapercibido y que nunca apreciaremos si no nos fijamos bien. Es lo que le ocurre al joven estudiante de “Ausencia” ante un cuadro del Greco: el dolor no está pero se intuye; la esperanza no tiene rostro, porque está de espaldas. Y eso es también lo que ocurre a nuestro alrededor, si miramos con atención, parece decir la escritora en estos cuentos.

Todos están escritos en tercera persona; y todos tienen un final abierto, inconcluso. El relato se concibe como una búsqueda de esos instantes en los que se concentra en la vida de los protagonistas una ilusión, un sueño, un temor, una incertidumbre, una oculta esperanza. En “La misma mujer”, la protagonista, que convive al mismo tiempo con las dolencias de una enfermedad sin diagnóstico y con las preocupaciones por su hijo adolescente, pasados los años reconoce que su vida ha sido una alternancia de malos ratos y de momentos de dicha. Y fijándose en éstos, se pregunta: “¿no es esto lo que todos perseguimos, unos instantes de felicidad?” (pág. 197).

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publicado en Diario de Navarra 17/11/16

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