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sobre cuadros, robos y falsificaciones

Aquellos hombres formaron una brigada decisiva en los días devastadores de la segunda guerra mundial. Los denominaron “The Monuments Men”, literalmente: “Los Hombres de los Monumentos”. Y ése es el título del libro publicado por Robert M. Edsel en la editorial Destino: The Monuments Men. Este libro es la crónica histórica de cómo trabajó un grupo de personas entre los años 1943 y 1951 para salvar pinturas, museos, catedrales y cualquier obra de arte de los bombardeos y del expolio de la guerra.

Durante la campaña de ocupación alemana de Europa, más de cinco millones de obras de arte fueron confiscadas por los nazis y trasladadas al Tercer Reich. Pinturas de Da Vinci, esculturas de Miguel Ángel, lienzos de Rembrandt fueron saqueados y escondidos. Cuando los directores de museos americanos viajaron a Europa, lo que encontraron fue la Tate Gallery de Londres llena de cristales rotos, las paredes vacías del Rijksmuseum de Ámsterdam y el Louvre de París decorado con marcos sin lienzos. ¿Qué pasó entonces con La Gioconda, con La ronda nocturna de Rembrant, con el David de Miguel Ángel? ¿Dónde acabaron obras de Klee, de Miró, de Picasso? Las minas de sal de Merkers, en Alemania, las paredes de piedra del castillo de Neuschwanstein, los túneles de las minas de Heilbronn y de Altaussee fueron el encierro y la salvación de muchas obras que hoy podemos seguir contemplando en los museos. Este libro reconstruye la historia de esos días aciagos. Un libro apasionante.

    De guante blanco

También sobre el mundo del arte trata la novela del escritor suizo Martin Suter. Se titula El último Weynfeldt (Anagrama). Este personaje al que se refiere el título se llama Adrian, es marchante de arte y descendiente de una rica familia suiza. Lleva una vida ordenada y cómoda de soltero cincuentón. Considera que “el orden es una medida prolongadora de la vida” (pág. 312). Pero toda su tranquilidad se verá complicada por dos hechos: una tarde conoce a una mujer llamada Lorena, más joven que él, vital, que trabaja como modelo y se gana la vida a salto de mata; y al poco tiempo se ve implicado en la subasta de un cuadro excepcional, que se reproduce en la portada del libro: “Mujer desnuda ante una salamandra”, obra del pintor suizo Félix Vallotton, que vivió a finales del siglo XIX. Ambos sucesos son los que desarrolla la trama de esta novela.

Su lectura resulta sumamente entretenida. La vida ordenada de un hombre vulgar se ve complicada de repente por unos sucesos curiosos. La historia tiene tintes de novela negra, en la que los personajes viven en medio de un mundo de engaños, chantajes y juegos sucios. El ambiente artístico del libro contrasta la belleza y el misterio de la mujer del cuadro, desnuda, sentada de espaldas frente a la chimenea, con la ausencia de escrúpulos y la ambición de los falsificadores. Es un mundo de víctimas ingenuas, de avaros embaucadores y de chantajistas, que da lugar a una novela policíaca entretenida, escrita con tono de comedia y de suspense. Una novela negra de guante blanco.

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publicado en Diario de Navarra 17/5/12

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