he leído…

cuadros perdidos de Velázquez y de Karl Schwind

    Es uno de los sucesos que pudo haber cambiado la historia de Europa a partir del siglo XVII: la historia de amor entre el príncipe de Gales, Carlos de Inglaterra, heredero del trono, y la infanta María, hermana del rey Felipe IV. Él la conoció a través de un retrato que le enviaron a la Corte, y de incógnito cruzó Europa para encontrarse con ella en el Alcázar, el palacio real. En Madrid estuvo seis meses, al cabo de los cuales, de aquella historia que pudo haber cambiado las relaciones entre Gran Bretaña, España, Francia y Austria, no quedó nada más que un monolito levantado donde ambos se despidieron en la salida del Escorial, y un cuadro: el retrato que le hizo Velázquez a quien sería después el rey de Inglaterra.

La historia de ese retrato está contada por Laura Cumming en el libro Velázquez desaparecido (Taurus). El cuadro lo compró el librero inglés John Snare por ocho libras en 1845. Se atribuía entonces a Van Dyck, pero él dedicó su vida a demostrar que había salido de los pinceles de Velázquez. Snare fue comisario de una exposición en Londres, donde lo expuso por primera vez. Y a partir de entonces la historia empezó a complicarse. Se denunció que la obra había sido robada, fue embargada, la volvió a comprar, sufrió pleitos, abandonó todo para llevar la pintura a Nueva York y, en su obsesión por proteger el cuadro, acabó perdiéndolo todo, hasta morir solitario en una vivienda humilde de Nueva York. Ese cuadro arruinaría su vida.

He leído con pasión este Velázquez desaparecido. Cuenta la biografía del pintor y la del librero Snare. Es un retrato de la Corte de Felipe IV y un conjunto de comentarios sobre obras de arte. Es Historia real y al mismo tiempo un relato de misterio. Habla de la obsesión por un lienzo perdido, pero también del amor por el arte y de las obras que al contemplarlas iluminan algún aspecto de nosotros mismos.

Mujer bajando una escalera

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   Si la historia anterior es verídica, la que narra el autor alemán Bernhard Schilink en la novela Mujer bajando una escalera, editada en Anagrama, corresponde al terreno de la ficción. En este caso el pintor se llama con el nombre ficticio de Karl Schwind, y el cuadro cuya historia se cuenta en este libro tiene el mismo título que el de la novela. Es un lienzo descrito con las mismas características que la conocida pintura de Richter “Desnudo en una escalera”: la imagen borrosa de una mujer rubia y de piel pálida, bajando el último escalón.

Esa pintura es la que contempla con asombro un hombre en el museo de Sidney en el primer capítulo del relato. La razón de su extrañeza se va desvelando a lo largo de estas páginas: quién era esa mujer, qué relación mantuvo con ella y cuál ha sido la historia del cuadro. El relato comienza como un thriller y va derivando hacia una sutil y melancólica historia de amor.

La novela tiene tres partes y en ellas se cuentan los daños misteriosos que sufrió la pintura en distintos momentos, los conflictos entre el pintor y el propietario del cuadro, la historia de la modelo, Irene, que es la mujer reproducida en él, el robo y la desaparición del lienzo y el encuentro al final por parte del narrador, tanto del cuadro expuesto misteriosamente en la Art Gallery de Sidney, como de la mujer que se trasladó con él a Australia.

La parte final está impregnada de emoción y de melancolía. La novela es la historia de un cuadro, pero a través de él indaga en las relaciones humanas, en los deseos, en lo que pudo haber sido y no se hizo realidad por las mentiras y por el miedo. Mujer bajando una escalera es un relato sobre las oportunidades que perdemos en la vida.

publicado en Diario de Navarra 9/2/17

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