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yo confieso

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Autor: Jaume Cabré
Título: Yo confieso
Editorial: Destino
Páginas: 859
Precio: 26,90 euros

Ésta es una de esas novelas que aparecen de vez en cuando y que vale la pena no perdérsela. Cuenta una larga historia, pero no lo hace de una forma cronológicamente ordenada. Es el lector el que tiene que ir encajando las piezas de un relato que parece disperso, pero que tiene una profunda unidad, porque en él se van uniendo historias cruzadas de una forma precisa.

    La infancia
El texto surge como una larga confesión de un hombre que nació en el Ensanche barcelonés en la década de los años cuarenta, en una familia donde imperaba el silencio y “todo se resolvía con cuchicheos” (pág. 163). Su vida de niño estuvo zarandeada por la exigencia rigurosa de su padre, empeñado en convertirle en un erudito que aprendiera una decena de lenguas, y la distancia de su madre, que quiso hacer de él un virtuoso del violín. Un violín es precisamente el objeto que desencadena la narración: es un valioso storioni comprado por su padre al final de la segunda guerra mundial. A través de ese objeto se enlazan en la novela quinientos años de la historia de occidente, desde que un bosque y un pueblo y una casa fueron quemados por rencor a la familia Mureda de Pardàc. Desde entonces la maldad acompañaría la historia de ese objeto, a través de momentos representativos, que van conduciendo la narración hasta llegar al Holocausto nazi.

    La historia de amor
Yo confieso es una novela de iniciación, que va desarrollando de forma prolija el periodo de formación del joven Adriá Ardèvol, en un entorno familiar de secretos. Es también una historia de amor, la de Adriá y Sara, “la persona que ha iluminado mi vida y por la que lloro más amargamente”, confiesa el narrador cuando ella aparece en el libro con su nombre, ya en la tercera parte, de las siete que componen la novela. Esa muchacha de origen judío, que estará en su vida de forma intermitente, es a quien va dirigida esta larga confesión de Adriá. Ella es al mismo tiempo un contrapunto al horror, por su delicada historia de amor, y una imagen de la barbarie, que conduce la trama de la novela al Holocausto. Porque el viejo violín storioni lo había robado durante el III Reich el nazi Rudolf Höss, personaje real que realizó experimentos médicos con niños judíos.

Los capítulos finales que muestran a Adriá cuidando a Sara enferma son de los más conmovedores de la novela. Indagan en la culpa e indican que nunca es tarde para la redención. Yo confieso es, por eso, también una catarsis: la del propio narrador que se enfrenta, “sólo ante el papel”, a su vida y “a la profunda insatisfacción del alma humana” (pág. 743), cuando asume que los aciertos y errores son sólo responsabilidad personal.

Yo confieso es una novela densa, sólida, profunda. Retoma el sentido de la tragedia clásica. Plantea el tema del mal y el sufrimiento personal que produce. ¿Dónde está el mal?, se pregunta Adriá, perplejo y agnóstico a lo largo de toda la novela. “¿Es fruto de una voluntad humana perversa?”, insiste al final, sin encontrar respuesta (pág. 812).

    La búsqueda
La novela no tiene una estructura perfecta, como ocurre con las grandes novelas: es prolija en ocasiones; y a veces los personajes son sombras que asoman sus rasgos difusos en la penumbra del despacho de antigüedades en el que vive el padre de Adriá. No es tampoco una lectura fácil. En cada párrafo puede cambiar el punto de vista de la narración. Los tiempos históricos se mezclan en cada secuencia. Y el argumento sigue varias ramificaciones. El relato es una navegación por el caos de la vida, intentando darle sentido. Pero todos esos recursos técnicos no son arbitrarios: dan una intencionada visión calidoscópica de la realidad. Sirven para mostrar desde diversas perspectivas el tema de la maldad que recorre la historia. Esta novela es una confesión, pero también una búsqueda. Adriá indaga en la incógnita de su familia, en la incógnita de su madre, en la vida oculta de un malhechor que es su padre, en la maldad y en su propia memoria, que se diluye en el alzheimer como un azucarillo en un vaso de agua. Indaga hasta llegar a los orígenes del naufragio. Su amigo Bernat se lo había dicho en una ocasión: “Creo que las personas recorremos un camino de ida y luego volvemos a los inicios. En la vida del hombre siempre hay un punto de retorno a los orígenes, si no se interpone la muerte” (pág. 231).

Jaume Cabré


Nació en Barcelona en 1947. Escribe en catalán y ha sido traducido con éxito en Italia, en Francia y sobre todo en Alemania, donde su novela Las voces del Pamano ha tenido importantes ventas. Es profesor de instituto. Ha publicado relatos (Viaje de invierno), novelas, guiones para la televisión, literatura juvenil. Yo confieso ha tardado ocho años en escribirla y puede convertirse en la novela revelación del año 2011.

las huellas del mal

publicado en Diario de Navarra 19/12/11

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