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biografías en negro

    Limónov es un antihéroe, un personaje extravagante, un pícaro, un revolucionario, un hombre desquiciado. El escritor francés Emmanuel Carrère lo conoció fugazmente en París, leyó sus libros autobiográficos, conversó con él en varias ocasiones y escribió esta obra: Limónov, que se ha traducido en Anagrama. Es una biografía escrita de forma cronológica, con un tono periodístico y una técnica literaria que la acerca a la novela. El personaje se presta a ese género, por el carácter contradictorio de su vida, la acumulación de peripecias y los giros vitales que protagonizó. Fue delincuente juvenil, vendedor de libros, poeta pobre, escritor en París, indigente en Nueva York, miliciano en Serbia, político nacionalista en Rusia después de la disgregación de la Unión  Soviética.

Su literatura, considerada por la crítica Natalia Ivanova “mala, pero con talento”, es toda autobiográfica, tan provocativa que escandalizó en los años setenta por sus relaciones homosexuales. Su vida, contada en este libro sin más contraste documental que sus propios relatos literarios, tal vez exagerados, sirve para trazar al mismo tiempo una radiografía de la Unión Soviética desde la posguerra mundial, los años más duros del comunismo, la Perestroika de Gorbachov y la época actual de Putin. Este libro es el retrato de esa sociedad y de un hombre enfrentado a ella, Limónov: inverosímil, áspero, tierno y cruel al mismo tiempo, que sigue soñando con una revolución naranja en la Rusia actual.

    Renovación   

    A ratos estoy leyendo la poesía de Juan Gelman. La ha editado completa Seix Barral, en un volumen de más de mil páginas, titulado Poesía reunida, que recoge los treinta libros de versos escritos por este poeta argentino, que obtuvo el premio Cervantes hace unos años. Nacido en Buenos Aires en 1930, Gelman publicó su primer libro de poesía en 1956: Violín y otras cuestiones. Desde entonces no ha dejado de escribir versos, compaginándolo con el periodismo, su militancia joven en las FAR, luego el exilio y más tarde el dolor por la desaparición de su hijo durante la dictadura militar. “Me gustaría entender a las bestias para/ entender mi bestia”, escribe.

Su poesía es renovadora: compone con una sintaxis libre, inventa palabras y construye paradojas. La revolución es uno de los temas más reiterados: el compromiso del poeta ante el drama argentino. Pero también escribe sobre la condición humana, sobre el dolor, la niñez y la nostalgia. Sus versos compaginan la denuncia y la ternura. “El candor vence al desorden de la noche”, escribe; y también: “amarte es esto: / una palabra que está por decir / un arbolito sin hojas / que da sombra” (pág. 837).

Gelman ha cumplido ya 82 años. En uno de sus poemas se dice a sí mismo que con él no comerá, pero que le enriquece interiormente. Por eso sigue ejercitando cada día el oficio solitario de escribir. En el último libro que ha publicado confiesa: “En esta soledad crece la vida”.

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publicado en Diario de Navarra 28/2/13

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