he leído…

apuntes de una vida

    Cuando murió Susan Sontag en 2004 dejó miles de páginas escritas con anotaciones que había hecho a lo largo de su vida. Su hijo David Rieff inició la tarea de publicarlas. En 2008 apareció el primer tomo, Renacida, que recoge sus años de formación, su aprendizaje y sus estudios. Ahora ha publicado el segundo, titulado La conciencia uncida a la carne (Random House), que abarca sus años de madurez: desde 1964 hasta 1980.

No son textos elaborados, sino simples anotaciones. Sontag escribía en sus cuadernos frases, palabras, listas, nombres, muchas veces sin fecha; y eso es lo que se recoge en este libro. Esos cuadernos los vendió ella misma a la universidad de California y pueden ser un interesante material para estudiosos de su obra, pero como lectura resultan evidentemente fatigosos. Ella no concibió estas páginas como un libro, ni siquiera como un diario, sino como apuntes personales escritos aprisa, casi en forma de borrador. “El mundo percibido como una antología de citas”, escribió el 29 de abril de 1980. No se propuso escribir en ellas un relato de su vida, ni redactar un ensayo. Tan sólo quiso apuntar ideas o palabras sueltas, algunas ininteligibles, que pudiera recuperar después para sus obras. La pregunta que me hacía en una lectura dispersa y farragosa es qué sentido tiene editar este material de una autora que publicó obras como La enfermedad y sus metáforas o El amante del volcán.

verdades y mentiras

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Al final, como estímulo, he vuelto a la novela. Operación dulce (Anagrama), del escritor inglés Ian McEwan, me ha resultado una lectura recomendable. Empieza como las mejores novelas de espías: “Me llamo Serena Frome y hace casi cuarenta años me encomendaron una misión secreta del Servicio de Seguridad británico”. La historia se sitúa en la Inglaterra de la década de los años setenta, en plena Guerra Fría. El trabajo de esta espía joven y un tanto ingenua consiste en ayudar a futuros novelistas; pero la realidad es que debajo de esa tapadera se esconde una vasta operación de propaganda anticomunista.

McEwan mezcla en el relato la realidad y la ficción de los personajes, para urdir una trama de agentes dobles en los que es difícil separar las verdades y las mentiras. La propia protagonista ha de enfrentarse al engaño, cuando viva su historia de amor con uno de los jóvenes escritores y se plantee si mantener la farsa o desvelar la verdad de su trabajo. “Creía que a los escritores les pagaban para fingir”, escribe.

Operación dulce es aparentemente una novela de espías, pero es también una reflexión sobre la tarea de escribir novelas, y un melodrama y una complicada historia de amor. Al final, todo se sustenta en el inestable equilibrio de estas palabras: “Tú me mentías, y yo te espiaba” (pág. 391).

publicado en Diario de Navarra 20/3/14

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