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amores

    Las emociones y los sentimientos en la vida cotidiana son los componentes habituales en las novelas de Soledad Puértolas. La última que acaba de publicar se titula Mi amor en vano (Anagrama). En ella oímos la voz de un hombre que nos cuenta cómo un accidente le ha atado a una rutina de muletas y de rehabilitaciones. Se ha cambiado de piso y en la nueva vivienda descubrirá la historia de personas enredadas como él en la rutina. Esta novela de Soledad Puértolas está hecha de confidencias, de monólogos, de repasos de vidas rotas o estancadas: la de una adolescente llamada Violeta; la de sus padres: un periodista deportivo alcoholizado y una mujer que ha trabajado como modelo de artistas; la del masajista Julio, la de la temperamental Teresa. Sus historias tienen bastante nostalgia, muchas renuncias y un fondo de sufrimiento al que conducen los vanos amores de los protagonistas.

la memoria

    Historias de amor cuenta también la novela de Víctor F. Freixanes Caballo de oros, editada en Siruela. Historias de amor como la de Lobeiras, “un hombre hecho y derecho que temblaba como un junco sólo de escuchar el nombre de la muchacha a la que amaba” (pág. 47). Pero en esta novela hay también odios y venganzas, ocurridas en un tiempo áspero. Está ambientada en Galicia durante la posguerra, “días de grandísima calamidad” se dice en las primeras páginas. El relato está contado en torno a una partida de cartas que acabó convirtiéndose en un suceso legendario propicio para ser escrito como un cantar de ciego. Fue una partida larga: tres días y tres noches convocaron a siete jugadores en cada bando. Y en esa situación fueron aflorando las pasiones, ambiciones, amores y desdichas de todos. Caballo de oros es una novela compleja y simbólica, escrita con una prosa rica y envolvente. Una buena lectura. Me quedo con la frase que cierra el libro: “Las cosas existen porque las recordamos, que es la manera que tenemos de sobrevivir a nuestra propia muerte (…) Lo que antaño fue furia y desolación, herida y castigo, materia ponzoñosa que llena de peste el mundo, el bálsamo del tiempo lo cicatriza, no sé si cura, en cualquier caso lo adormece, la mayor parte de las veces para siempre”.

    Yasmina Khadra no es una escritora árabe, sino un comandante argelino. Su nombre real es Moulesshoul, pero comenzó a usar el seudónimo femenino después de que sus primeras novelas fueran prohibidas. Sólo recuerdo de él Lo que el día debe a la noche. Ahora acaba de traducirse al castellano su última obra, titulada La ecuación de la vida (Destino). Es una novela que combina aventuras, una historia de amor y el descubrimiento de África. Cuenta la historia de un médico alemán que después de perder a su mujer inicia un viaje por las costas de Somalia. El secuestro del barco por unos piratas somalíes le hace conocer el infierno en manos de mercenarios sin piedad. La huida y el encuentro de una caravana de refugiados darfures le llevan a vivir después en medio del hambre, entre gentes que “mueren de noche y resucitan a la mañana siguiente”. Pero será esa experiencia la que le ayude a valorar lo que tiene, en medio de un continente “olvidado por los dioses”. De regreso, se pregunta “cómo puede dormir alguien que se ha quedado sin sueños”. Y repite unos versos que aprendió en África: “Vive cada día como si fuera el primero/ y olvida tus pesares y fechorías,/ vive cada noche como si fuera la última”.

áfrica

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publicado en Diario de Navarra 25/10/12

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